Ante la reciente incursión militar de potencias occidentales en Siria (y en vista de las variadas reacciones que este hecho ha generado al interior de congregaciones e iglesias), colaboradores y amigos de Pensamiento Pentecostal deseamos ofrecer a nuestros hermanos pentecostales y carismáticos algunas recomendaciones generales para un tratamiento adecuado de estos delicados temas.

Sabemos que la realidad de nuestras congregaciones, en relación con otras iglesias evangélicas y cristianas, es distintiva en cuanto a su concepción de los carismas espirituales. No obstante, reconocemos también que hay elementos comunes. En este sentido, deseamos que algunas de nuestras recomendaciones hallen cabida también en el marco de un pensamiento cristiano evangélico más amplio. Nuestro interés es contribuir a una reflexión fecunda sobre una mirada cristiana de toda guerra.

  1. Las naciones “escogidas”: Ante conflictos armados, en la historia de la Iglesia usualmente ha ocurrido que existan quienes identifican a una u otra nación como la “escogida” de Dios y que, en cuanto tal, goza del respaldo divino. Consideramos que este pensamiento no se ajusta a la fe cristiana, en primer lugar porque en Cristo todos somos iguales ante Dios, sin importar nuestras procedencias étnicas o nacionales. En segundo lugar, porque la idea de una nación escogida y que, por tanto, ha de ser victoriosa en una guerra que trae consigo la muerte de seres humanos, es incompatible con el amor de Dios expresado en Cristo a toda la humanidad. Además, la promesa hecha a Abraham de bendecir a todas las naciones se cumple precisamente en el evangelio de Cristo para todas las naciones. (Gn 12:2-3; Gá 3:8; Ef 2:14-18). En la teología del Nuevo Testamento, el verdadero pueblo de Dios es un pueblo espiritual conformado por los que están unidos a Cristo por la fe, con independencia del origen étnico o cultural (Gá 3:26-29).
  2. Uso parcial de pasajes bíblicos: Entre las corrientes escatológicas que imperan dentro de nuestras iglesias, hay algunas que ponen un énfasis prominente en el fin de los tiempos y el rol que tendrá el escenario de Oriente Próximo en este acontecimiento. De aquí que, en ocasiones se intente explicar e incluso justificar conflictos armados en la zona como parte del “plan de Dios”. Lamentamos que a veces este énfasis deje de lado la preocupación por el sufrimiento humano que conlleva toda guerra, sin importar en qué contexto ocurra.
  3. Profecías y revelaciones: Dado que nuestras iglesias practican los carismas espirituales, entre los cuales se halla la profecía, y así mismo creen en las revelaciones de visión y sueño, recomendamos cautela ante las diversas manifestaciones de este tipo que traten sobre guerras y conflictos armados, examinando minuciosamente las mismas (1 Jn 4:1). Pues, si bien hay aquellas que pueden ser genuinas, también las hay que pueden ser engañosas. Estas últimas pueden arrastrar al prejuicio, al odio y, finalmente, a una posición no cristiana frente a estos conflictos que, como se sabe, siempre son mucho más complejos que la lógica amigo/enemigo.
  4. Reflexión teológica seria sobre la naturaleza de las guerras: Debido a los tres puntos anteriores, es que llamamos a una reflexión teológica seria sobre la naturaleza de las guerras. Esto implica considerar en primera instancia una mirada desde la perspectiva de Cristo Jesús como expresión suprema del amor de Dios por la humanidad. La adopción de esta perspectiva supone una preocupación por toda guerra, y no solamente por aquellas que parecen más interesantes ya sea por su rol en el plano escatológico o por el hecho de tener entre sus participantes a un país “escogido” por Dios: una guerra nunca es algo positivo. Más bien, tras todo aparataje ideológico, lo que hay es corazones caídos e intereses económicos y políticos (Stg 4:1-2).
  5. Fuentes de información fiable: En la medida en que cada conflicto armado responde a contextos, actores y razones específicos, sugerimos a nuestros hermanos y líderes investigar fuentes adecuadas de información. En tiempos como estos, de la mano de la información y las comunicaciones, igualmente circulan noticias falsas, titulares tendenciosos (es decir, que buscan una reacción inmediata y visceral de quien los lee) y desinformación de todo tipo. En este sentido, hacemos un llamado a un ejercicio serio de investigación para una mejor comprensión de los diversos problemas que aquejan a la sociedad global.
  6. Exploración de acciones diaconales: El sufrimiento humano ocasionado por toda guerra requiere de los cristianos esfuerzos concretos de servicio y apoyo a los afectados. En este sentido, instamos a nuestros hermanos, líderes eclesiásticos, pastores, obispos y superintendentes, a realizar acciones que muestren una preocupación evangélica de amor al prójimo, por los más desposeídos, como mantener ruegos y oración por ellos (Ef 6:18), ayudar de forma monetaria diversas organizaciones cristianas que se encuentran trabajando en las zonas de conflicto (1 Cor 16:1-4), y ser hospitalarios con los extranjeros que provienen de los países en crisis humanitaria (Heb 13:2). Esta recomendación, desde luego, es realizada en el marco de todo conflicto armado.
  7. Exploración de acciones sociopolíticas: Las iglesias, por ser instituciones que nutren a la sociedad de fe y esperanza, pueden también transmitir esa fe en acciones sociales y políticas concretas. Por ejemplo, puede existir una emisión de documentos oficiales haciendo manifestación de sus posiciones y haciendo llamados a los creyentes a participar activamente (como ciudadanos de un Estado) en todo aquello que propenda al bien de una sociedad en conflicto. Acciones eclesiásticas colectivas así como acciones individuales de hermanas y hermanos pueden ser poderosos agentes de paz y pacificación.
  8. Oración: Por último, instamos a nuestros hermanos y hermanas a orar en todo tiempo por los distintos conflictos que aquejan al ser humano en las distintas zonas del mundo. Esto implica orar también por los gobernantes de todas las naciones para que conduzcan a los respectivos países de tal modo que haya el mayor bienestar posible (Tit 3:1; 1 Ti 2:1-2). Además, en las zonas de conflicto también se encuentran muchos hermanos en la fe, misioneros y obreros cristianos que están atravesando por sufrimiento (1 Pe 5:9) y por quienes es necesario pedir en todo tiempo (Ef 6:18; 1 Ti 2:1), a fin de que el evangelio sea predicado en cada rincón del planeta (Mr 16:15; Hch 13:47).

En Cristo, los abajo firmantes oramos y pedimos a Dios por todos aquellos que pasan días oscuros, deseando que la luz del evangelio resplandezca sobre toda nación.


Luis Aránguiz Kahn, editor responsable de Pensamiento Pentecostal, Santiago
Daniel Díaz Romero, miembro Iglesia Evangélica Pentecostal, Estados Unidos
Elvis Castro Lagos, miembro Iglesia de Dios en Chile, Temuco
Micael Grenholm, editor general de Pentecostals & Charismatics for Peace & Justice, Suecia
Rodrigo Turra Morales, Editor en Historia y Contingencia IEP, miembro Iglesia Evangélica Pentecostal, Puerto Natales.
Bárbara Meza Zúñiga, miembro Primera Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, Santiago
Bastián Jara Nicovani, miembro Iglesia Metodista Pentecostal (derecho privado),
Santiago
Abner Jaramillo Vallejos, miembro Iglesia Metodista Pentecostal (derecho público),
Santiago
Daniela Soto Vergara, miembro Iglesia La Viña, Valdivia
Eliezer Salinas Belmar, miembro Iglesia Victoria del Espíritu Santo (IVES), Santiago
Daisy Seguel Mena, miembro Misión Evangélica La Voz de Cristo, Templo Matriz,
Santiago
Jonatan Henriquez Soto, miembro Iglesia Misión Evangélica Nacional, Valparaíso
Hugo Zuñiga Quijada, miembro Iglesia Venga Tu Reino, Santiago
Daniel Antilef Valdebenito, miembro Iglesia Unión Centros Bíblicos, Santiago
Alexa Soto Peña, miembro Iglesia Metodista Pentecostal de Maipú
Ignar Sebick Arenas, obrero pentecostal, Santiago

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