Ángelo Palomino Díaz*

 

“Es un cálculo muy simple. Este universo es finito, sus recursos son finitos.
Si la vida no se controla, la vida dejará de existir. Necesita corregirse”.

“Titán era como muchos planetas: demasiadas bocas, pocos
recursos. Al enfrentar la extinción les ofrecí una solución”.

Thanos

Las anteriores frases son algunos fragmentos de diálogos de Thanos, el villano de la exitosa película “Avenger: infinity War”. Y como seguramente lo habrá notado más de algún espectador proveniente de disciplinas como la economía, la demografía, o en general de las ciencias sociales, las ideas de este villano cinematográfico sintonizan bastante bien con el maltusianismo y mucho más con el neomaltusianismo. De hecho podría decirse que Thanos es una suerte de neomalthusiano extremo (y lamentablemente consumado: “no me quiero ir Señor Stark”). ¿Será que los directores, los guionistas, o quizás el mismísimo Stan Lee habrán formulado esta historia considerando al maltusianismo como un elemento relevante para cimentar el accionar de un villano?[1] No creo que esta pregunta pueda ser respondida por un simple aficionado a estas películas, como lo es quien escribe, como seguramente si podría hacerlo un avezado cinéfilo, conocedor de no pocos datos curiosos que envuelven a estas exitosas películas.

Sin embargo, si podría aventurarme en las siguientes líneas, con algo de seriedad y un poco de humor, a considerar en que consiste el maltusianismo y el neomaltusianismo, algo así como las gemas del neomalthusianismo y sus colaboradores asociados, quizás una suerte de vengador y finalmente, algunas consideraciones cristianas sobre el cuidado del medio ambiente.

Si usted, lector, es cristiano y además vio la película, no deje de leer las siguientes líneas. Y si no vio la película lea de todas formas, no habrá spoilers muy dramáticos.

Partamos pues. Thomas Roberth Malthus (1766-1834) fue un pastor anglicano que, sobre la base de su “ensayo sobre la población”, postuló que los recursos aumentan aritméticamente mientras que la población crece geométricamente, por lo que existiría una tendencia de la población humana a crecer más de lo que crecen sus propios medios de subsistencia. Ese posible exceso de población sería eventualmente disminuido a través de guerras, enfermedades o la misma hambre derivada de la falta de recursos. Malthus pronostica entonces una catástrofe que sería causada por el crecimiento desmedido de la cantidad de personas. Básicamente, el aumento de población traería “demasiadas bocas que alimentar” y poco alimento a disposición. Por lo tanto, para Malthus la causa de la miseria humana debía buscarse en la ruptura del equilibrio entre la población y las subsistencias. Y por consiguiente, la miseria no podría mejorarse con instituciones igualitarias, ni un mejor reparto, ni reformas económicas y políticas estatistas[2].

Por su parte, la perspectiva neomalthusiana, adhiriéndose al postulado central de Malthus sobre la diferencia de crecimiento entre la población y los recursos, propone la utilización de mecanismos artificiales para la reducción de los nacimientos[3], evitando así un explosivo aumento demográfico que a su vez evitaría una catástrofe civilizacional, en el contexto de un planeta con claros límites físicos infranqueables[4]. Esto supone un cambio considerable, pues el mismo Malthus se mostraba contrario a estas prácticas, apelando más bien a una restricción moral individual.

Ahora bien, así como las gemas del infinito actuaron como poderosas herramientas para la concreción de las ideas de Thanos, del mismo modo existieron variados mecanismos institucionales a través de los cuales las ideas neomalthusianas fueron llevadas a su práctica. A mediados del siglo XX, la UNESCO y la OMS se sumaron a la preocupación por el aumento demográfico, mientras que la ONU, el Banco Mundial y organizaciones como la fundación Rockefeller, Ford Foundation y la International Planned Parenthood Foundation implementaron y financiaron programas neomalthusianos. Esta preocupación por el aumento de la población también era relevante en el Departamento de Estado de EE.UU., donde el accionar de este país respondía a su agenda de seguridad hemisférica, intentando generar una contención poblacional a fin de evitar el hambre, la inestabilidad política y la posterior insurrección comunista[5]. De esta manera, limitar la natalidad de los países pobres o tercermundistas era la forma estratégica más eficaz para debilitar el avance comunista[6]. En este escenario nuestro país no quedo exento, pues en efecto, Chile fue cabeza regional para los planes de control de natalidad. Desde el año 1964 se expanden oficialmente los programas de regulación de la natalidad en Chile[7].

Así como Thanos contó con sus colaboradores, también el neomaltusianismo ha contado con decididas personalidades que, desde distintos ámbitos e intereses, han propagado, materializado (y llevado al extremo) las ideas de Malthus. Una de ellas es la enfermera Margaret Sanger, que hizo uso de la teoría malthusiana asociándola al feminismo, pregonando el control de natalidad y el derecho de las mujeres a decidir cuándo y cuantos hijos tendrían, intentando brindar a las mujeres el control de sus cuerpos, además de impulsar la práctica de la eugenesia para “el mejoramiento racial” de los Estados Unidos. Para Sanger, control de natalidad y eugenesia estaban fuertemente relacionados[8]. Otros relevantes actores fueron William Vogt, que divulgó la idea de una crisis final de la civilización por el agotamiento de los recursos naturales ante el aumento de bocas que alimentar y Fairfield Osborn, para quien lo anterior significaba la llegada del juicio final ecológico[9]. Desde estos autores, el control de natalidad deriva de una fuerte preocupación medioambiental.

Y ciertamente, así como Thanos tuvo sus avengers para enfrentar, el maltusianismo tuvo sus contrincantes. De hecho uno de sus primeros contrincantes intelectuales fue Marx, quien detestaba profundamente a Malthus[10]. Era de esperar, puesto que la doctrina de Malthus es, desde su origen, enemigo mortal del socialismo[11]. Además, Malthus se mostraba contrario a destinar ayuda a los pobres e indigentes. Se opuso también a toda acción colectiva de los trabajadores para exigir aumentos de salario, mientras elogiaba los esfuerzos de las clases poseedoras para mejorar la condición de los pobres, aun cuando en la práctica se había creado un sistema represivo contra ellos[12]. En todo caso, sin desconocer  el poder que ha ejercido sobre la política y la economía de diversos países, seguramente “la hoz y el martillo” están lejos del poder benefactor del “mjolnir” y del “stormbreaker” de Thor.

Finalmente, también es relevante plantear algunas breves líneas sobre el cuidado del medio ambiente desde una perspectiva cristiana. Pues, aunque algunas ideas malthusianas y los efectos prácticos de estas puedan desaprobarse, la preocupación ecológica es profundamente válida. No por nada la ecología es uno de los temas de mayor preponderancia a nivel internacional.

En ese camino resulta interesante considerar la postura de otro anglicano: el pastor John Stott. En relación a las ideas maltusianas, Stott no niega que el crecimiento de la población afecte a la tierra y sus recursos naturales, pero considera que cualquier discusión sobre la población debe comenzar por afirmar la dignidad de toda la vida humana y los derechos de los seres humanos para vivir su potencial por completo. Además, la afectación de la tierra no tendría que ver solamente con la existencia de más personas, sino que también con el mal uso y administración que hacemos de ella. De este modo, Stott considera que el ser humano tiene responsabilidad por la crisis ecológica. Pero no es simplemente por nuestra existencia, es por nuestra existencia irresponsable. No es simplemente por la necesidad humana, es por la necedad humana en el uso indiscriminado de los recursos naturales[13].

Esta mirada equilibrada, que piensa en el cuidado del medio ambiente sin olvidar la situación particular del ser humano frente a la creación, implica un aspecto profundamente diferenciador con las ideas maltusianas, pues Malthus concibe a la especie humana desde un punto de vista materialista que involucra una negación a cualquier posición privilegiada de especie[14]. Esta mirada ha tenido un profundo impacto, pues como señala Mauricio Schoijet: “es una gran ironía de la historia que haya sido un sacerdote quien, al suponer que la especie humana podría irse a la ruina por seguir el mandato divino de crecer y reproducirse, haya aplicado con ello el más duro golpe contra esta visión teológica dominante. Al liquidar este obstáculo epistemológico Malthus abrió el camino para que posteriormente Charles Darwin y Alfred Russel Wallace elaboraran la teoría de la evolución de las especies, que iba a asestar otro golpe demoledor a la visión del mundo natural dominante en ese momento”[15].

Pero en definitiva, volviendo a Stott, la Escritura nos muestra una relación con la creación en donde los seres humanos debemos ejercer un dominio en un sentido de administración, no de dominación. Esa administración es: delegada, porque Dios es su dueño y nosotros administradores; una administración responsable, porque estamos llamados a usar pero también a cuidar la creación; y una administración cooperativa, porque podemos hacerla producir pero dependiendo de Dios y las leyes naturales que el estableció.

De este modo, desde una perspectiva escritural, la administración del ser humano sobre el planeta no debe conllevar destrucción, sino cuidado y mayordomía. Pero a su vez, esta mayordomía implica una situación de superioridad por parte de los seres humanos con respecto al medio ambiente, por ser creados a imagen y semejanza de Dios, y por tanto, dotados de una dignidad intrínseca y única[16]. De este modo, nuestra preocupación ecológica debe ser ciertamente muy alta, pero no más alta que nuestra preocupación por la vida humana, volviendo discutible aquellas prácticas que intentan ponerle atajo. “No se canjean vidas”, diría seguramente el Capitán América frente a algunas ideas y prácticas neomalthusianas.

*Analista en Políticas y Asuntos Internacionales, Centro de Estudios y Liderazgo Público Cristiano Oikonomos

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Notas

[1] Es relevante considerar que la motivación de este villano es distinta a la trama original, en la que Thanos buscaba destruir vidas por su “amor a la muerte”.

[2] Gonnard, René. Historia de las doctrinas de población. Santiago, CELADE, 1969. p. 216.

[3] Cavieres, Eduardo y Chávez, Pablo. ¿Neomalthusianismo o falta de desarrollo social? A propósito de población y oportunidades en Arica en las últimas décadas. Diálogo Andino, Santiago, (45):119-129. 2014. p 119.

[4] Estenssoro, Fernando. La perspectiva ambiental del primer mundo. La hegemonía neomalthusiana. En: Censi, Daniel y Bedin, Gilmar (organizadores). Direitos humanos, Relacoes Internacionais y Meio Ambiente. Curitiba, Multimedia Editora, 2013. p 220.

[5] Castro, Javier. Guerra en el vientre: control de natalidad, malthusianismo y guerra fría en Chile (1960-1970). Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2017. p. 159-160. Recomiendo leer este libro, ciertamente fundamental para comprender el establecimiento del maltusianismo y el control de natalidad en Chile de 1960 a 1970.

[6] Estenssoro, Fernando. El factor ambiental en los debates ideológicos en torno al desarrollo de América Latina. História Unisinos, (21):13-25. 2017. p 15.

[7] Castro, Javier. Op. Cit. p. 84.

[8] Castro. Javier. Op. Cit. p. 109-118.

[9] Estenssoro, Fernando. Op. Cit. p. 221.

[10] Castro, Javier. Op. Cit. p. 103.

[11] Gonnard, René. Op. Cit. p. 217.

[12] Schoijet, Mauricio. La recepción e impacto de las ideas de Malthus sobre la población. Estudios demográficos y urbanos. vol. 20, núm. 3 (60): 569-604. 2005. p 583.

[13] Stott, John. Oportunidades y retos globales. Miami, Editorial Vida, 2011. p 81-118.

[14] Schoijet, Mauricio. Op. Cit. p 586.

[15] Ibid. 587.

[16] Stott, John. Op. Cit.