Por Abner Jaramillo Vallejos*

Es sabido que en los últimos años, Dios ha llevado a su presencia a grandes pastores que dedicaron su vida entera a la proclamación del evangelio en nuestro país. Generalmente, conocemos poco de ellos, y lo que conocemos es porque lo escuchamos de otro o lo leímos en algún texto. Para algunos contemporáneos, dicho ejercicio estará bien, basta el hecho de dar reconocimiento público de su vida y trayectoria. Pero, ¿qué aprendizajes podemos obtener como jóvenes pentecostales “milenials”, que tan poco sabemos de nuestra propia historia, a partir de eventos como éstos? ¿Es tan simple decir “Q.E.P.D.” y “Dios levantará una nueva generación”?, entre otras frases célebres, como si existiese un “borrón y cuenta nueva” para destacar lo que no hicieron, y olvidar lo que nos dejaron. Una crítica usual que suele ocurrir bajo la mirada histórica de los jóvenes pentecostales de hoy.

Bueno, en esta oportunidad quise esbozar una breve reseña de un pastor metodista pentecostal, un referente del pentecostalismo chileno, reconocido y admirado por muchos, creyentes y no creyentes, de distintas edades y generaciones. Lo conocí inicialmente a través de mi abuelo, Israel Jaramillo Mansilla, Pastor de la Iglesia Metodista Pentecostal de la Cisterna Poniente, quien era uno de sus mejores amigos y sirvieron juntos en la adolescencia y juventud al Señor. Luego pude conocerlo por medio de textos y libros que hablaban de la historia de la iglesia evangélica en Chile durante el siglo XX, y finalmente tuve el privilegio de conocerlo de cerca en sus últimos años de vida junto a su hermosa familia. Hoy ha partido a la presencia de nuestro buen Dios. Hablo del Pastor Orlando González Mora. Su legado va más allá del establecimiento de una gran congregación y prominente liderazgo eclesiástico dentro de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile (IMPCH en adelante), con 83 años y más de 50 en el ministerio, con lo cual nos deja un tremendo testimonio de Fe. Textos completos se pueden escribir acerca de este siervo del Señor, quién a sus 31 años fue a “abrir obra” (como decimos los pentecostales) junto a su esposa Ana Chávez, a la inexplorada isla de Chiloé, ciudad de castro en el año 1966. Conociendo a Cristo en su juventud, como buen agnóstico se desafiaba a sí mismo a leer los 10 libros más famosos del mundo, y cuando iba en el décimo, se encontró con la biblia, la palabra de Dios ¡y entregó su vida al servicio de Cristo! Uno de los pocos pastores pentecostales que en esos años contaba con formación laboral de servidor público, lo que sin duda le ayudó a desarrollar de manera visionaria el trabajo que Dios le había encomendado y que a su vez lo llevó a destacarse rápidamente ante las autoridades públicas de la época, tiempos en que la iglesia no sólo brilló por su exponencial crecimiento mediante la prédica a la calle (conocido como puntos de predicación), sino también por su aporte a la ayuda social de los más desamparados y marginados de la sociedad, abriendo los templos y casas para recibirlos.

Convención de Jóvenes JUMEP del distrito sur, 15 de agosto de 1967

Apasionado por el estudio de las escrituras, instó a muchos pastores y líderes a la formación bíblica en las iglesias pentecostales del sur de Chile (ámbito poco desarrollado en la historia del pentecostalismo), dando a conocer en profundidad las doctrinas del metodismo wesleyano, así como desde la experiencia de los hermanos moravo hasta las evidencias empíricas del movimiento pentecostal por medio de las manifestaciones carismáticas del Espíritu Santo, tan masivamente conocidas durante el siglo XX en nuestro país. Fue él mismo quién, junto a su hermano mayor, pastor José González Mora (Q.E.P.D.) crearon el movimiento de la juventud pentecostal en el sur (JUMEP) allá en la década de los ‘70 y que hasta el día de hoy, pese a su edad, seguía a cargo como pastor supervisor del sector 22 de la IMPCH, que anualmente reúne a más de 1500 jóvenes para servir y formarse en la vida cristiana, apoyando y formando a los distintos liderazgos jóvenes que se han levantado en las iglesias evangélicas en ese sector del país durante todos estos años.

Fue él también, quién se paraba con personalidad a comienzos de los ’80 frente al secretario general del consejo mundial de iglesias (CMI), Walter Hollenweger, explicando los motivos del rechazo a la opción de unirse como IMPCH a este movimiento ecuménico que por esos días generaba un alto atractivo para muchas iglesias evangélicas, principalmente por los beneficios económicos y políticos que traía la adhesión, y en ese contexto el pastor Orlando les hacía la siguiente pregunta a todos los pastores de la misión presentes: “¡Pastores! ¿Quién ha dado la grandeza del poder espiritual y la bendición para llegar a todos los rincones del país?, ¿Los gobiernos, los grandes poderes económicos del país, las grandes instituciones Como el Consejo Mundial de Iglesias? o ¿el Espíritu Santo?” …y los pastores unánimemente respondieron: “El Espíritu Santo”. En resumen, siempre tuvo claros los límites de la relación entre la iglesia y el poder político y eclesiástico.

Por último, fue él quien también, al ver como rápidamente avanzaba y progresaba la iglesia en una sociedad postmoderna, se dio el trabajo de establecer múltiples instancias de diálogos con las nuevas generaciones, inculcándoles la pasión por el servicio a Dios, por medio la vivencia de la Fe, pero también un sentido crítico del pensamiento y la razón, comprometiendo un evangelio integral para el creyente y la iglesia, inmersa en una sociedad amplia, diversa y plural. Fue el puente intergeneracional que muchos jóvenes necesitábamos, sus diálogos, consejos, incluso sus “no sé, lo voy a averiguar” como respuesta, inspiraron a muchos a seguir la buena carrera de la Fe en contextos pentecostales, que suele ser algo complejo en estos días. Nunca actuó con prejuicio, o la respuesta fácil, cómoda, sino que tomó el camino largo, de tolerancia, formación, conocer a las personas, escucharlas, darles espacio, sembrar en ellos, y amar, a pesar de las diferencias generacionales y formativas.

A sus 83 años, podía pararse en un púlpito junto a su Ipad y con un puntero dar una conferencia sobre la historia de la Iglesia, pasando por la iglesia primitiva, la iglesia católica, reforma protestante, los anabaptistas, Calvino, Wesley, el movimiento pentecostal, la relación de la iglesia y Estado en Chile, o del tema que cualquier joven interesado en fortalecer su Fe quisiera aprender, cómo también hablar de los múltiples testimonios ganados en el evangelio a lo largo de su vida, o simplemente dar consejos prácticos de la vida cristiana, es decir, podía hablarte desde lo teórico y lo empírico, todos los perfiles de creyentes podían tener su atención una vez que tenía el micrófono en el proscenio.

Visionario para ver el desarrollo del conocimiento como una oportunidad para mejorar nuestros modelos de aprendizaje bíblico, administración eclesiástica y comunicación efectiva del evangelio a las personas, más que como una amenaza como la mayoría de los pentecostales estábamos acostumbrados a ver. Sus ganas de impulsar a las nuevas generaciones a alcanzar su máximo potencial en sus talentos y aptitudes en la vida diaria, trabajo, estudio e iglesia, no sólo quedaban en una oración o ungimiento, sino que más de alguna oportunidad, entregó aportes financieros para apoyar a quienes por razones socioeconómicas les costaba un poco más ingresar a la educación superior.

Éstas y muchas cosas más podría seguir compartiéndoles, probablemente encontrarán otra reseña por ahí con hitos más importantes y con una redacción más formal y seria, pero quise escribir desde el corazón, de ese vacío que nos deja inevitablemente alguien que abrió camino y creyó a Dios con todo su corazón para ver un día aquellas promesas cumplidas en las generaciones venideras, y no me refiero a lo material, o lo intelectual, sino la responsabilidad de dar continuidad, bajo una lectura contemporánea, a los nuevos desafíos que nos plantea la sociedad y las personas para llegar a conocer a Cristo y aportar desde nuestra confesionalidad al desarrollo de la nación, siempre resguardando el marco de respeto, tolerancia y dando buena defensa de nuestra fe.

Celebración de los 80 años del sector 15 IMPCH, 1990.

En resumen, un líder de la iglesia pentecostal chilena del siglo XX que supo transmitir el legado del evangelio, primero a su familia, la iglesia y las generaciones a través de los años. Actualmente se desempeñaba miembro del presbiterio mayor de la IMPCH y como pastor presbítero de la IMPCH en Puerto Montt, templo Séptimo de Línea, dónde comenzó a pastorear el año 1986 junto a su familia. Dios bendiga y consuele a la familia, e iglesia en general, y nos ayude a nosotros, la “nueva generación” para reconocer y valorar con mayor fuerza el legado que nos deja, que nos inspire a comprometernos de mejor forma con la tarea evangelizadora para que todos puedan oír de Cristo. ¡Y bueno, si tienes cerca a parientes que sobrepasen la adultez mayor en la fe, invítalos a un té! ¡Hay un tremendo tesoro escondido en esas conversaciones! ¡Dios les bendiga!

*Miembro de la Iglesia Metodista Pentecostal de la Cisterna Poniente, Templo Manantial de Aguas Vivas. Administrador Público, Universidad de Santiago de Chile y Coordinador de Relaciones Públicas en Pensamiento Pentecostal.

*Fotografías, gentileza de nuestro hermano metodista Manuel Alveal.