Por Benjamín Almendras Espinoza*

Recuerdo que años atrás pasé por un proceso similar al que veo hoy en varios jóvenes (y otros no tanto). Producto de mis lecturas y mi ánimo de querer conocer más profundamente los orígenes del cristianismo, descubrí que la navidad es una fiesta pagana. Es ese momento en que crees haber descubierto la pólvora y te sientes defraudado porque nadie te dijo la verdad de un principio o te la contaron de otra forma.

Recuerdo que en cierta ocasión se lo dije a mi padre, y a la vez le manifesté que por ese motivo no asistiría al programa de navidad en la iglesia donde él era el pastor. Me dijo que hasta cierto punto lo entendía, pero que no justificaba que no quisiera participar con los demás hermanos que se habían esmerado en preparar un programa navideño. Yo me mantuve tercamente en mi posición y no asistí. Todo por ese orgullo absurdo de creer que uno sabe algo que los demás ignoran y, reconozcámoslo hidalgamente, nos hace sentir superiores al resto de los mortales que simplemente siguen a la masa y se dejan influenciar por los medios de comunicación masivos, sin indagar mayormente en el origen de las cosas.

Es cierto, la Navidad tiene muchos elementos de origen pagano, partiendo por la fecha, 25 de diciembre, el nacimiento del sol invicto, así como muchas otras culturas que celebran el solsticio de invierno, en el hemisferio norte, o de verano, en el hemisferio sur. También lo relativo al árbol navideño, los adornos, los regalos, ni qué decir del viejo pascuero y la fiebre consumista que se vive por estos días. Efectivamente, ninguna de esas cosas tiene asidero en las Escrituras.

Pero si de atacar toda celebración de origen pagano enquistada en el cristianismo se trata, tenemos el uso de los “templos” como lugares de culto. Recordemos que los primeros cristianos se reunían preferentemente en sus casas o en las antiguas sinagogas, no tanto por motivos económicos, sino porque tenían la creencia de que “Dios no habitaría más en templos hechos por manos de hombre, sino en el corazón del hombre” (parafraseando a Isaías 66:1-2 y Hechos 7:49-50), cuestión que les quedaría confirmada más aún con la destrucción del templo de Jerusalén el año 70, predicha por el mismo Señor Jesucristo en Mateo 24:1-2. No fue sino hasta bien entrado el siglo IV cuando los cristianos empezaron a ocupar los antiguos templos paganos para sus cultos, tradición que se mantiene hasta hoy.

De la misma forma, la ceremonia de matrimonio religioso tiene mucho de origen pagano: el ritual dicho por los actuales ministros tiene su origen remoto en las fórmulas sacramentales que decían los pontífices dedicados al culto pagano; así como la inocente “torta de novios” originada en la confarreatio, que consistía en que los contrayentes partían una torta de harina como ofrenda al dios Zeus, en señal de haber celebrado el matrimonio.

¿Qué haremos con todas estas costumbres enquistadas en el cristianismo? ¿Las echaremos al basurero porque tienen un origen pagano y así no “contaminar” nuestro culto a Dios?

Si vamos a la Escritura, nos encontramos con Pablo en el areópago de Atenas diciendo: “Porque en él vivimos, nos movemos y somos” (Hechos 17:28), frase originalmente dicha por el poeta griego Epiménides, que tenía un claro sentido panteísta, pero que el apóstol reinterpreta en un sentido cristiano. Luego agrega: “Porque linaje suyo somos”, citando a Arato, otro poeta griego del siglo III AC. ¿Cuál era la intención de Pablo al citar a estos poetas paganos? ¿Acaso quería “entrar el mundo a la Iglesia”? ¿Quería “contaminar” su doctrina introduciendo elementos de la cultura pagana? De ninguna manera. la intención ahí era tomar elementos de la cultura receptora del mensaje (griega), con el fin de hacer un puente con el mensaje del evangelio dado originalmente en otro contexto cultural (judío).

De hecho, ¿te has preguntado por qué todo el Nuevo Testamento fue escrito originalmente en griego y no en hebreo o arameo, siendo Jesús y sus primeros discípulos todos judíos? Pues porque ellos entendieron que manteniendo el mensaje en su contexto cultural judío, difícilmente serían comprendidos por los gentiles; tanto así, que tuvieron no pocas situaciones de conflicto, las que podemos leer en Hechos 15, a propósito del Concilio de Jerusalén, que dilucidó esta controversia entre judíos y griegos.

¿Y acaso el Espíritu Santo no podría iluminar el entendimiento de la gente sin necesidad de tener que hacer ese “puente” cultural? Bueno, a mí no me cabe duda que el Espíritu Santo guiaba a esa iglesia primitiva, y que fue el mismo Espíritu quien les dirigió a hacerlo de esa manera.

Así las cosas, tenemos que a Dios le ha placido usar lo que antes era pagano, lo que antes era inmundo, aquello que originalmente nada tenía que ver con el evangelio, como un instrumento para honrarle y propagar su mensaje de salvación… incluidos nosotros mismos.

ENTONCES…

¿Cuál es el motivo para poner tropiezo a los hermanos y personas en general que desean celebrar la Navidad? Colosenses 2:16-17 dice: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo”. Así que, hermanos, respetemos la libertad cristiana de quienes desean honrar al Señor en estas fiestas.

Hoy mi papá ya no está entre nosotros, y me arrepiento profundamente por no haber compartido esa navidad con él, sin saber que sería una de las últimas en que podría contar con su presencia.

Por eso, les invito a re-cristianizar esta fecha, no dejarnos llevar por el espíritu consumista imperante, pero tampoco por un celo mal entendido que desea “purificar” el evangelio de toda influencia cultural externa, porque eso nunca ha sido posible en toda la historia del cristianismo. A Dios le ha placido que usemos la cultura como una herramienta, como un vehículo para propagar su evangelio.

¿Encuentras que hoy en los púlpitos se ha dejado de lado el mensaje central de la cruz de Cristo por predicar sólo prosperidad material, charlas motivacionales, experiencias personales, autosuperación y otras cosas que nada tienen que ver con el Evangelio? Pues aprovechemos esta fecha para proclamar a qué vino Jesús al mundo, por qué se hizo humano y habitó entre nosotros. Convirtamos esta fecha, en que todos corren por hacer sus compras, los niños esperan que por su buen comportamiento sean premiados con un juguete… para entregar el mensaje de Aquel que nació en un humilde pesebre para morir por nosotros en una cruz y darnos una salvación que no merecemos, pero que por gracia la recibimos a través de ese sacrificio.

Saludos a todos, y que pasen una Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo.

*Miembro de la Iglesia Presbiteriana de Chile (IPCH), Hijo del fallecido pastor Benjamín Almendras de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile en Angol.