Por Daisy Seguel Mena*

lopez reino de diosEn los últimos 10 años en Latinoamérica, el incremento de la participación del pueblo evangélico en las arenas públicas ha sido innegable, una politización que deja atrás aquella enajenación que vivió por años la iglesia. Sin embargo, este abrupto crecimiento no se ve exento de prácticas corruptas y de una participación más bien confusa e ineficaz.

Las “bancadas” evangélicas no han hecho más que demostrar que aún queda un largo camino que recorrer, que falta una larga reflexión en los fundamentos bíblicos y una propuesta contundente a partir de nuestra identidad como servidores de Cristo a los espacios públicos. Es en esto que Darío López se detiene a analizar y reflexionar, su libro “La propuesta política del Reino de Dios” declara principios básicos de acción para una participación inteligente en la política.

Según López, esta intervención en las esferas públicas de parte de los evangélicos sorprende, pero no es diferente a lo ya conocido. Su participación equívoca se ve manifiesta en una serie de formas tan detestables como las de los políticos actuales. Partiendo porque no están libres de problemas de corrupción, favoritismo, clientelismo, entre otros; “una conducta indeseable que nada contribuye a dibujar un rostro público(…)” como lo comenta el mismo escritor. Por otro lado, son personajes desconocidos fuera de la esfera evangélica, y que para alcanzar sus objetivos utilizan la iglesia como masa electoral y los púlpitos como plataforma política, instrumentalizando así al pueblo de Dios. La poca preparación y conocimiento previo sobre el trabajo político también son un problema evidente, por causa de esto se desenvuelven claramente como novatos y sin una competencia sólida. Y por último, una clara carencia de un discurso basado en los principios del reino, donde el servicio al prójimo y una reflexión crítica a las estructuras de poder son prácticamente nulos en estos candidatos evangélicos.

Pero esta discusión tan inminente nos hace reflexionar en qué dice la Biblia sobre la incursión de ciudadanos evangélicos en las arenas públicas, y como se cuestiona López, “¿Qué fundamentos bíblicos deben modelar la práctica política de los ciudadanos evangélicos cuando estos se encuentren en los espacios de poder?”, es en este sentido que la perspectiva lucana sobre el poder es clave. Según el teólogo peruano, Lucas 22:24-27 evidencia completamente la posición de Jesús frente a la política del reino.

El pueblo judío esperaba un libertador, un mesías que trajera una transformación en las relaciones sociales, y fuera una esperanza para los pobres y los sectores condenados. Es por esto que la imagen que tenían los discípulos de Jesús afectó la visión del reino, la que dimensionaban de manera política y en una lógica humana. Es de esta forma que anhelaban sentarse a los lados de Jesús cuando este reinara, (idea sujeta a la política tirana de esos años), porque esto significaría un estatus distinto, una posición que les permitiría ejercer dominio sobre los demás. López agrega “La naturaleza humana marcada por el egoísmo, el cual se expresa en asuntos concretos como el deseo de poder y la lucha por alcanzar los lugares de preeminencia, dentro y fuera de las comunidades religiosas, no ha cambiado(…)” y es así, ya que los cristianos involucrados en la política no están exentos de estas conductas deleznables, de hecho, el deseo de posicionamiento y poder los ha llevado a la instrumentalización de las iglesias, y a usar todo tipo de oportunidad para tener alguna plataforma que impulse sus campañas políticas.

Jesús, por otro lado demuestra su contrariedad con esa clase de reinos, en las que las estructuras de poder se apoderaban del gobierno y sus tiranos se hacían llamar benefactores, convencidos de que sus tiranías hacen el bien, y dónde la concentración del poder está en las manos de algunos. Pero el maestro les recalca “(…)más no así vosotros(…)”, dándoles a entender y a recordar la identidad que tenían como hijos de Dios, y que las motivaciones y las formas de ellos no podían ser los mismos que los de la sociedad, Darío recalca que “Esto es así porque al interior de la comunidad del reino la autoridad se legitima en el servicio y el poder tiene sentido solamente como servicio al prójimo”.

En los próximos capítulos López se detiene a analizar la historia del profeta Amós, destacándolo como aquel personaje público que incomodaba a las autoridades políticas y religiosas, y que se oponía a los poderes autoritarios y opresores. Amós no mezclaba el altar con los intereses políticos temporales, su incidencia se hacía notar, demostrando claramente que un profeta jamás debe amoldarse a las leyes del mercado político, ni tampoco ser un instrumento de manipulación. Pero López enfatiza aún más el rol del profeta, cuando hace una comparación con el sacerdote Amasías, quién era todo lo contrario.

El líder religioso era un defensor del status quo. Amasías rechazaba a Amós por su mensaje subversivo, que perturba la paz y el orden social. El sacerdote refleja todo aquello que no debe ser un cristiano en el espacio público,  desde la relación de privilegio que mantenía con las esferas de poder, hasta los deseos de ambición y superioridad.

El libro presenta a través de la Biblia, una seguidilla de ejemplos que nos grafican claramente una forma correcta de incorporarse en el escenario político y público: la comprensión de una misión de servicio al prójimo, por medio de la cuál cada día debemos morir a nuestros propios intereses y no ceder a la seducción del poder. Comprender que a Dios “nadie puede encerrarlo en un templo, presuponiendo que a Él no le interesan los problemas estructurales, y que Él se desatiende de asuntos críticos como la violencia legalizada o la situación de carencias materiales en la que se encuentran los oprimidos.”

*Estudiante de Periodismo, Universidad de Chile. Miembro de la Misión Evangélica La Voz de Cristo, Templo Matriz, Santiago de Chile.

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