Por Hedilberto Aguilar de la Cruz*

El presente ensayo consta de tres partes: a) surgimiento y auge del neopentecostalismo; b) elementos constitutivos de la Nueva Reforma Apostólica, y c) éste movimiento como elemento religioso y teológico neoliberal.

El neopentecostalismo: presencia y posicionamiento

El pentecostalismo surgió como una religión de los pobres y desclasados, pero el neopentecostalismo nació con protestantes y católicos de clase media, blancos, en los años 50, en EEUU. El discurso pentecostal de la “riqueza espiritual”, fue cambiado por la “riqueza económica”, como una señal de la fidelidad cristiana. Para la transmisión de sus ideas, con el transcurso de las décadas, se ha valido de distintos medios de comunicación como la televisión, cine, libros y conferencias con temas de coaching y liderazgo.

El neopentecostalismo se ha convertido en el fenómeno protestante más visible en la actualidad, por su presencia en los medios, la literatura de autoayuda, liderazgo, y sus intentos de ser fotografiados con dirigentes políticos y empresariales en actividades de la vida pública. Se definen como “cristianos sin religión” y sólo son “evangélicos” cuando se trata de convocar a sus eventos, para sumar feligreses provenientes del protestantismo histórico y pentecostal.

De acuerdo a Silveira (2000: 27), la distinción entre los pentecostales clásicos y los neopentecostales estriba, en que éstos redujeron el énfasis en la experiencia extática, glosolalia e intensa expectativa de la segunda venida de Cristo, por “una predicación centralizada en la cura divina, prosperidad material y exorcismo de demonios”.

Este tipo de iglesias suelen depender doctrinal, jerárquica y moralmente de iglesias y agencias estadounidenses. A pesar de la independencia económica de muchas iglesias, los nuevos dirigentes o líderes morales de esta religiosidad suelen ser estadounidenses o latinos asimilados al denominado WASP. Esta religiosidad viaja a la par del capitalismo, porque ambos: “tiende[n] a destruir las religiones tradicionales y elimina[n] todo sentido de tradición y por otro [lado] el capitalismo y ciertas religiones se apoyan mutuamente, el capitalismo es la economía de Dios” (Patiño, 2012).

Las iglesias neopentecostales en las cuales me enfoco en este ensayo, son aquellas que siguen la corriente denominada “Nueva Reforma Apostólica” (NRA en adelante). Se distinguen por tener estructuras organizativas verticales y patriarcales. Sus dirigentes o “líderes”, como gustan llamarse, son los autodenominados “Apóstoles”, quienes afirman tener potestad sobre los otros cinco oficios del denominado “Ministerio Quíntuple”[1]. Ellos aseguran enseñar la revelación[2] fresca que han escuchado directamente de Dios. Generalmente sus esposas suelen fungir como profetas y quienes se oponen a las santas parejas son tratados como colaboradores de Satanás y pueden ser maldecidos.

Este modelo autoritario de gobierno encuentra buena tierra en los países latinoamericanos, razón por la cual, no es difícil que encuentren adeptos quienes aceptan este hecho, no sólo como normal, sino como necesario para mantener el orden. Bajo el discurso de un orden necesario y una realidad a la cual subyugar, se hace un llamado a la humildad y la apertura de mente de los “ungidos”.

Elementos constitutivos de la Nueva Reforma Apostólica

  1. La guerra espiritual

Este es un rasgo central de la NRA, es algo que “la iglesia había olvidado” y por ello hay sitios donde fracasan sus esfuerzos misioneros. La NRA ha dedicado muchos de sus esfuerzos a realizar una demonología, ubicando las estrategias de Satanás y sus huestes. Son tres los niveles de operación de los demonios: tierra (corazón), ocultismo (espiritual) y aire (estratégico). En el nivel tierra operan las huestes de menor rango que motivan los pecados individuales de las personas. En el nivel ocultismo están demonios de mayor calado, “principados”, cuyo control territorial está relacionado con dominar ciudades, regiones y países y su principal propósito es impedir que la iglesia sea bendecida y someter territorios para que la gente rechace el evangelio[3]. El nivel aire es a través de las falsas religiones, especialmente las esotéricas y de hechicería, sin soslayar el hinduismo, islam y catolicismo romano e incluyen a los principados y potestades de mayor rango[4]. Sin hacer hincapié en todos los puntos, estableceré los puntos de conexión entre la guerra espiritual y el lenguaje neoliberal.

No se trata sólo de orar a ciegas, sino de una guerra espiritual entre fuerzas del bien y el mal invisibles que requiere combate “estratégico”, para lo cual se formulan cartografías espirituales basadas en las actuales divisiones políticas, pues los “principados, potestades y gobernadores de las tinieblas” se distribuyen las tareas de acuerdo a barrios, municipios, provincias y naciones, utilizando las divisiones de cada país.

Por eso deben conocer bien la geografía, la cultura, la sociedad, la política y toda información posible, para orar estratégicamente y vencer a los demonios territoriales, a los cuales les suelen asignar los nombres de dioses indígenas actuales o prehispánicos, o de poblaciones negras, pero su peor enemiga es “la Reina del Cielo”. Para realizar esta lucha de oración se basan en Daniel 10, donde el Príncipe de Persia, una potestad demoníaca, impide que las oraciones de Daniel lleguen a Dios. Estos demonios evitan que la gente escuche la palabra de Dios y la acepte, además la mantiene en ignorancia e idolatría, lo cual impide que la prosperidad económica llegue a la mayoría.

No es extraño que toda esta retórica de guerra esté aparejada por un discurso afín a las guerras que EEUU ha librado durante la última década[5]. El profeta Glenn Miller, de la misma corriente, ha dicho que “la guerra en Irak es más que el resultado de una guerra natural; de hecho es el resultado de un gran conflicto espiritual que tendrá repercusiones eternas para más de un billón de musulmanes en el mundo”[6].

El mapeo y la información que han capturado de los cinco continentes es extensa, pues así harán guerra espiritual estratégica sin desperdicio de recursos. Una muestra triunfal de sus efectos es el video “Transformaciones”[7], ampliamente difundido en librerías evangélicas, el cual muestra ciudades como Almolonga, Guatemala y Cali, Colombia, donde la guerra espiritual ha surtido efectos positivos. En la primera ciudad, de población mayoritariamente quiché, se transforma de una población hundida en el vicio, la violencia y la miseria a una sólida economía de mercado, en donde la presencia de las iglesias evangélicas es protagonista (véase Cantón, 2004). En la segunda ciudad se trata de la violencia desatada por el narcotráfico a fines de los 90, pero a partir de la unión de iglesias evangélicas en vigilias de oración, comenzó la pacificación de la ciudad, el reconocimiento de las autoridades civiles y conversiones de personajes influyentes como empresarios y motivadores.

Este discurso militarista ya rondaba en grupos neopentecostales, pre-NRA, con nexos políticos en los años ochenta, con el nefasto episodio del gobernante guatemalteco Efraín Ríos Montt, que justificó su política de “tierra arrasada” basado en textos bíblicos. La iglesia El Shaddai, la cual dirige Harold Caballeros, un miembro prominente de la NRA y la Iglesia del Verbo de la misma corriente apostólica, difunden “un tipo de violencia encarnada en el lenguaje, empotrada en los imaginarios religiosos y que, debido al poder para producir la realidad que el lenguaje conlleva, acaba por legitimar y desencadenar acciones persecutorias y violentas contra los grupos que aquellas representaciones religiosas designan como responsables últimas de todas las desgracias” (Cantón, 2005: 67). Esta creación de realidad sobrepasa a las iglesias apostólicas, pues su producción cultural permea a iglesias evangélicas que no se adhieren a ellos, pero que se encuentran muy influidos por estas posturas.

2. La teología del dominio

El precedente de esta teología -también conocida como “Teología del reino ahora”- está en los restauracionistas y reconstruccionistas de los años setenta, entre los que destacó Pat Robertson, fundador de TBN (Trinity Broadcasting Network) y socio de Enlace TBN para América Latina. 1986 marcó el inicio de ésta corriente con la Coalición por el Avivamiento y a Dennis Peacock como el principal protagonista de este amilenialismo, juntando a diversos sectores de la derecha evangélica norteamericana para preparar el camino para la segunda venida de Cristo. Se eliminó el “escapismo del arrebatamiento”, y se propuso instaurar el reino de Dios por medio de la evangelización mundial e influenciar (dominar) naciones[8] (Stoll, 1993).

La NRA, ha sido promotora, aunque no la única, de esta teología de conquista. No sólo quieren ganar almas, sino así como el Islam y el Comunismo tomaron naciones enteras, ellos consideran un deber moral del cristianismo –estadounidense, en todas sus facetas-, implantarlo en todo el orbe. Para ello deben hacer uso de las “ganancias injustas” de este mundo, con propósitos santos, como lo es el cristianizar el mundo a través de infiltrar los negocios y la política, logrando acuerdos con gobiernos y el apoyo de agencias como la USAID. Ellos creen que los cristianos deben tomar el control de todas las áreas de la vida social sobre los no creyentes o cristianos infieles. Aquí es donde entra en juego lo que se ha dado en llamar la “teología de la prosperidad”.

Para la NRA, la iglesia evangélica ha vivido dormida en una teología de la derrota, en una espera pasiva de la segunda venida de Cristo, pero necesita pasar a una vida gloriosa, de poder, “es hora de hacer pacto con Jehová”. El pastor Benjamín Rivera (2004), promotor de la NRA en México, asegura que esta Reforma apostólica y profética es mayor a la de Lutero, pues ésa se quedó inconclusa y esta pretende restaurar todas las cosas, comenzando con los oficios olvidados (el apostolado y la profecía) y regresando la sociedad al propósito original de Dios en el segundo capítulo del Génesis. Esto significa preparar a la Iglesia para establecer el reino de Dios ahora, adelantando la segunda venida de Cristo.

3. La prosperidad económica

Dentro de la NRA no hay quien se asuma abiertamente como promotor de la llamada “Teología de la prosperidad”[9], matizando que se trata de una prosperidad integral: espiritual, económica y física. El enfoque primario de alcance son las clases medias y altas, basados en la teología del dominio, y sólo de soslayo las clases populares. Ello no quiere decir que sean ignorantes de la capacidad económica de los “pobres”, pero dentro de su doctrina éstos presentan mayores dificultades pues han sido maldecidos por cadenas generacionales de pobreza[10]. Para liberarse de ellas, deben ser purificados y la mejor forma de demostrar que están siendo liberados es que ya no están atados al dinero y pueden desprenderse de sus bienes económicos por fe, para la extensión del reino de Dios. Aun así, los pobres resultan sospechosos en una teología que limita la gracia de Dios sobre los pobres en su incapacidad de acceder al poder y al final pueden ser desechables (Coto y Salgado: 2008).

Este es un punto de quiebre, tanto en mitos campesinos e indígenas de América Latina, como en la narrativa evangélica tradicional: el valor de la riqueza material se ha trastocado, el dador de estos bienes solía ser el diablo para llevar a la perdición a las almas y los espíritus; ahora es Dios y lo hace para salvar almas. Esta inversión de valores sólo se puede explicar por la legitimidad cultural del sistema de mercado en amplios sectores sociales, transformando la religión en una mercadería de ilusiones (Silveira: 2000: 153-4). La NRA logra plausibilidad porque hay un sistema de valores que lo refuerza y viceversa: “Abraham era el Carlos Slim de su época, el Bill Gates”[11].

En la NRA, al parecer los miembros del ministerio quíntuple deben tener negocios o poseer acciones para evitar el ahorro estéril y el consumismo: “Sin duda los negocios son el medio preferencial para ganar una posición en la sociedad y este estilo de vida es más afín al neo pentecostalismo y al movimiento carismático de donde surge” (Campos, 2009: 98).

“En el reino de Dios todo es posible”, “los ricos seremos nosotros si cambiamos nuestra mentalidad de pobres a ricos”, “la prosperidad es bajar lo invisible a lo visible”. La oferta es atractiva. El capitalismo es una oportunidad. El neopentecostalismo de la NRA es afín a este espíritu de acumulación, pero aún más, es un dispositivo religioso que legitima y diviniza la globalización como la máxima realización humana que jamás se haya alcanzado: “la teología de la prosperidad es el correlato religioso de la represión política hacia los grupos humanos excluidos de las dinámicas de producción del sistema capitalista neoliberal” (Coto y Salgado, 2008: 112).

La NRA: un desafío teológico y social a los evangélicos

La influencia de la NRA dentro del mundo evangélico es en el plano cultural; aún más, fuera de ese mundo, estrechan vínculos con altos políticos y empresarios. Su intención es que las iglesias evangélicas se adhieran a este movimiento “postdenominacional” para luchar unidos contra las fuerzas del mal y tienen los medios para lograr la difusión de su doctrina[12]. Este movimiento no teme al poder y al dinero, más bien lo busca para la consecución de sus fines. Se busca una influencia directa en sus alianzas políticas y empresariales, consolidándola por medio de conferencias de liderazgo y coaching.

Grandes denominaciones pentecostales, como las Asambleas de Dios de diversos países, han tomado posturas distintas frente a la NRA. En EEUU la han admitido como un nuevo mover del Espíritu, en México se dividen Distritos a favor y en contra, o en países como Venezuela y Perú la rechazan completamente. Los líderes de la NRA, además forman alianzas con iglesias que no necesariamente se adhieren a las redes apostólicas. Sin duda, buscan sumar iglesias “tradicionales” a las coberturas apostólicas y proféticas. La constitución de redes apostólicas, algunas verticales y otras horizontales a decir de Campos (2009), provoca una diversidad de corrientes al interior de la NRA. Todo esto modifica el campo evangélico en sí mismo, por la capacidad de la NRA para movilizar masas; alerta a iglesias opuestas a su enfoque para “competir” con ferocidad, no sólo por no perder feligreses, sino por adquirir influencia a nivel social, político y cultural.

El iglecrecimiento, corriente promovida hace más de 20 años por Peter Wagner, ha permeado todas las denominaciones y la autoridad numérica ha impuesto su lógica dentro del campo religioso evangélico (Aguirre y Araica, 2010). La NRA procura la formación de mega iglesias para lograr un mayor impacto político social, lo cual conlleva la desventaja de tener una amplia movilidad intereclesial. La presencia pública de la NRA se ha hecho manifiesta en temas como la legalización del aborto, el matrimonio homosexual y otros, en los cuales confluye la agenda de la derecha norteamericana con la de la Iglesia Católica latinoamericana. Esto presenta un punto de continuidad de la NRA, en términos morales, con la lógica del conservadurismo moral estadounidense y genera nuevas alianzas.

La NRA presenta un aparente no conformismo con su situación económica, pero un conformismo con la situación político-social. Su lógica podría desgarrar a la población más pobre con consecuencias psico-sociales destructivas para el tejido social. El capitalismo de “rostro humano” que afirmó el Partido Acción Nacional en sus doce años de gobierno en México, encontró un buen aliado político y moral en este tipo de iglesias emprendedoras. El Dios de los hermanos pobres se transformó en dos décadas en un Dios bélico, victorioso, invicto, aliado del poder y el dinero.

¿Es lícito pretender la cristianización de la sociedad? ¿Es bueno tener estructuras verticales en las iglesias que permitan un mayor orden y control de los feligreses? ¿Cómo se establece el reino de los cielos? ¿Cómo deberían responder los pentecostales a este atractivo desafío teológico-cultural? ¿Los evangélicos deben aliarse a esta agenda?

*Licenciado en Sociología por la Universidad Veracruzana y Maestro en Antropología por la UNAM, actualmente es doctorante de Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México con el tema de la ciudadanía de indígenas evangélicos en la Ciudad de México y Lima.

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Bibliografía y referencias

Aguirre Salinas, Carlos y Araica, Alberto. Pentecostalismo en transición y globalización en Nicaragua, Managua, Casa Giordano Bruno, 2010.

Campos, Bernardo. Visión del reino. El movimiento apostólico y profético en el Perú. Apreciación fenomenológica de un movimiento de restauración y reforma. Lima, Bassel Publishers, 2009.

Cantón Delgado, Manuela. Religiones globales, estrategias locales: usos políticos de las conversiones en Guatemala, en “Estudios sobre las culturas contemporáneas”, Época II, Vol. X, No. 19, Colima, Junio, 2004, pp. 87-108.

Cantón Delgado, Manuela. Echando fuera demonios. Neopentecostalismo, exclusión étnica y violencia política en Guatemala, en Ruz, Humberto y Garma, Carlos (ed.), ”Protestantismo en el mundo Maya contemporáneo”, México, UNAM-UAM, 2005, pp. 65-98.

Coto Murillo, Paulo y Salgado Ramírez, Moisés. Entre el dolor de la pobreza real y el gozo de la pobreza espiritual, en Genaro Zalpa y Hans Egil Offerdal (comp.), “¿El reino de Dios es de este mundo?: el papel ambiguo de las religiones en la lucha contra la pobreza”, Bogotá, CLACSO-CROP-Siglo del Hombre, 2008, pp. 89-114.

Patiño Reséndiz, Angélica. Religión… hasta agotar existencias. Un estudio sobre los ministerios evangélicos y su relación con la mercadotecnia, México, Tesis de Licenciatura en Etnología, ENAH, 2012.

Rivera Leos, Benjamín. Restauración: la renovación de los ministerios proféticos y apostólicos, Miami, Casa Creación, 2004.

Silveira Campos, Leonildo. Teatro, templo y mercado. Comunicación y marketing de los nuevos pentecostales en América Latina, Quito, Abya-Yala, 2000.

Stoll, David. ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico, Quito, Abya Yala, 1993.

[1] Basado en Efesios 4:11-12: Apóstoles, Profetas, Pastores, Evangelistas y Maestros. El Apóstol es el de mayor rango, al cual le sigue el oficio de Profeta, y bajo éstos dos, se da la “cobertura” en las redes apostólicas.

[2] Ellos evitan nombrar la palabra “doctrina” y en ocasiones suelen despreciar el término por adjudicarlo al protestantismo evangélico denominacional, al cual atacan, aduciendo el final de las denominaciones y entrando a una nueva era de una iglesia victoriosa y de conquista. Por esta razón, más bien hablan de “revelación”, la cual escuchan directamente de Dios.

[3] Tomado de: http://buscandoaguilas.galeon.com/cvitae1942038.html

[4] Tomado de: http://devocionaldiario.org/guerra-espiritual/guerra-espiritual-la-guerra-espiritual-a-nivel-de-los-aires/

[5] En el siguiente inciso sobre la teología del dominio, abundaré un poco más al respecto. El siguiente reportaje habla de las características de esta guerra espiritual en Irak, incluyendo nexos de esta corriente con los ideólogos de la supremacía blanca en EEUU: http://www.alternet.org/story/147513/how_american_right-wing_christians_are_waging_%27spiritual_warfare%27_in_northern_iraq

[6] En el Club de los 700: http://www.cbn.com/700club/guests/bios/glenn_miller_022505.aspx

[7] El video fue distribuido en México por Amistad Comunicaciones y fue producido por George Otis y The Sentinel Group.

[8] Posteriormente Peter Wagner desarrolló esta área a la que denominó las siete montañas: religión, familia, negocios, arte y entretenimiento, gobierno, educación y medios masivos.

[9] La entrevista al apóstol Rony Cháves es un ejemplo de ello: http://evidenciasdigital.com/?p=1761

[10] En los actos de liberación hacen recorridos generacionales sobre los pecados de sus ancestros de modo semejante a la terapia alternativa conocida como “constelaciones familiares”.

[11] Marcos Witt, “Prosperidad”, en: www.youtube.com/watch?v=vZGFzc4oAQQ

[12] Uno de los medios más poderosos en Enlace TBN, considerando que cerca de 40% de la población en América Latina ahora dispone de televisión de paga. Quizás su personaje más atractivo es el pastor y ahora apóstol Carlos “Cash” Luna o “Dr. Cash” quien ahora tiene casi 4 millones de seguidores en Facebook y más de medio millón en Twitter, el principal atractivo del citado canal.

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