Por Elvis Castro Lagos*

Piedad centrada en Cristo, teología puesta en práctica

Arndt, Johann (2014). Cristianismo AuténticoBarcelona: Clie.

cristianismo autenticoEntre las obras académicas de compleja teología, y los libros populares de «prácticos» pero fútiles pasos; entre la doctrina fría dirigida más a la mente, y las obviedades piadosas que apelan más a las emociones, no siempre es fácil hallar lecturas capaces de llegar al corazón mismo y remecer la vida espiritual y devocional del lector para encaminarlo a una genuina piedad. Y aquellas obras que logran un buen nivel o equilibrio entre estos extremos, a menudo carecen de un tercer elemento, quizá no primordial pero apreciado: un lenguaje esmerado y bello; ni deslucido, ni rebuscado, sino espontáneo.

Libros cristianos con estas características solo pueden ser —o volverse— clásicos; y uno de ellos que hasta ahora ha pasado más bien inadvertido es un extraordinario título que tuve el privilegio de traducir de su versión inglesa al español: Cristianismo auténtico (Barcelona: CLIE, 2014 [1605]; título original, Wahres Christentum [Verdadero cristianismo]), del alemán Johann Arndt (1555-1621). Arndt es considerado uno de los precursores del movimiento conocido como «pietismo», el cual promovía una vida cristiana sencilla de rectitud moral y comunión con Dios, para la cual la mera ortodoxia no era suficiente.

Lo anterior no significa que él rechazara la teología. En realidad, la importancia de su obra radica, entre otras cosas, precisamente en su robusto apoyo teológico para promover una vida práctica de devoción a Dios.

Muchos suponen que la Teología es una mera ciencia, o pura retórica, cuando en realidad es una experiencia viva y un ejercicio práctico. Hoy todos se proponen alcanzar eminencia y distinción en el mundo; pero nadie quiere aprender a llevar una vida piadosa (p. 11).

Es así como Cristianismo auténtico se convierte en una equilibrada exposición de teología, pero que al mismo tiempo advierte al lector acerca de «la vida ajena a Dios y sin arrepentimiento que llevan aquellos que ruidosamente presumen de Cristo y su Palabra». Hoy quizá este libro se catalogaría como «devocional», pero habría que precisar y calificarlo como un devocional sistemático e integral. El propio autor explica que su objetivo es mostrar que el «verdadero cristianismo» consiste en «la exhibición de una fe verdadera, viva y activa, la cual se manifiesta en una genuina piedad y en los frutos de justicia» (p. 11). La esencia de esta obra es, pues, exponer una teología que se encarna en la vida práctica, una devoción y espiritualidad guiadas por una recta comprensión de la enseñanza escritural.

Sin duda, este tipo de enfoque es tan necesario en una época de fiera controversia entre la defensa de una doctrina ortodoxa monolítica, por un lado, y una espiritualidad simplificada que evita las dificultades teológicas, por otro. Una disputa que se observa de la manera más lamentable en los medios y redes sociales, donde cristianos de diferentes bandos se agreden y ofenden gratuitamente; una práctica que seguramente habría horrorizado a nuestro autor.

Entre los contenidos que destacan en esta obra podemos mencionar el llamado a una vida de profunda confianza en la unión con Cristo; la imitación de su vida de amor, compasión y mansedumbre; y el tono exhortador junto con el cálido y cuidado lenguaje del autor.

Arndt en todo momento invita al lector a venir a Cristo con un profundo arrepentimiento y a confiar con toda la vida en él, a asirlo firmemente por la fe. Un pasaje de especial impacto para mí mientras vertía el texto, en un momento de incertidumbre vocacional y espiritual, fue el siguiente:

Si ocurriera que alguien no está consciente de ese gozo que la fe imparte, y no experimenta su influencia consoladora, que no por eso desespere… Porque Cristo es y será siempre Cristo y un Salvador, sea fuerte o débil la fe que lo abraza. Una fe débil tiene igual posesión de Cristo que la fe fuerte; porque la fe, débil o fuerte, posee a Cristo en plenitud (p. 40).

Pero junto con venir a Cristo y aferrarse a él, Arndt exhorta a imitar la vida pura del Señor, pues «quien lo ama, también amará el ejemplo de su santa vida: su humildad, mansedumbre, paciencia, así como su cruz, la vergüenza y el desprecio…» (p. 12). Es notable el hincapié que hace Arndt en la humildad, mansedumbre y «pacifismo» del Señor. En una era cuando muchos cristianos desean ganar influencia social incluso por la vía del poder terrenal, Cristianismo auténtico hace el crucial recordatorio de que la vía de Cristo es precisamente combatir el mal, la arrogancia y la violencia con el bien y la mansedumbre. Vale la pena citarlo en extenso:

¿Será tan violento el trastorno del orgullo, que no pueda ser sanado por la inmensa humildad y sencillez de Cristo? ¿Será tan implacable la avaricia y la codicia, como para burlar un remedio extraído de aquella sagrada pobreza que se manifestó en Jesucristo? ¿Habrá una ira tan fiera e impetuosa, que su mansedumbre y serenidad no puedan aplacar? ¿Habrá algún deseo de venganza tan amargo y encarnizado, que su paciencia no pueda apaciguar y contener? ¿Qué inhumanidad es tan fría y cruel, que el amor de Cristo no pueda tornar en una dulce y compasiva calidez del espíritu? ¿Y qué corazón puede ser tan duro y obstinado, que no se ablande con las lágrimas de Jesucristo mismo? (p. 151).

Por último, sobresale en esta obra el tono exhortador y pastoral de la mano del estilo cordial y amoroso del autor. Es conmovedor, pero no sensacionalista; interpela pero no es censurador; es exigente sin ser legalista. El mayor interés de Arndt es que en el lector nazca una piedad sincera y genuina, y para ello no le sirve otra cosa que convocarlo a contemplar la vida y la gracia de Jesucristo. El lenguaje es esmerado y de gran belleza, con pasajes rítmicos y casi poéticos que nunca son rebuscados ni pretenciosos. Esta combinación de contenido y lenguaje puede venir a contribuir a nuestra contemplación y adoración a Dios (oración, canto, etc.), puesto que nos provee la comprensión y la articulación (y así la expresión) tanto de lo que Dios es y hace, como de nuestra propia condición y necesidad. Aquellos que están interesados en componer canciones de adoración harían bien en leer este libro.

En la traducción intenté mantener un lenguaje tradicional pero evité las palabras que van cayendo en desuso; asimismo, modifiqué lo más naturalmente posible la referencia al «hombre» con términos como «el ser humano» o «el hombre y la mujer» y sus pronombres. En mis aún breves años en el trabajo de traducción de literatura cristiana, esta obra es una de las más significativas en contenido y de mayor desafío lingüístico que he vertido. Que el Señor pueda usarlo para enriquecer la vida del lector hispano.

*Miembro de la Iglesia de Dios en Temuco. Traductor y editor en Proyecto Nehemías.

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