Por Miguel Ulloa Moscoso*

La figura de Juan Wesley es de controversia.  Para los “carismáticos” este es presentado como un piadoso y que promueve una búsqueda espiritual profunda; en el caso de  los “conservadores”  es un hombre apegado a la tradición, la doctrina de la Iglesia y los grandes pensadores de la fe cristiana; para los “misioneros” es el personaje que sacó la religión de los templos y dijo que: el mundo era su parroquia; mientras que, para un grupo no menor, los con “conciencia social”, Wesley fue un promotor férreo de los derechos civiles y puso sobre la mesa el concepto de santidad social.

Es necesario identificar que, la lectura que se hace de Wesley, muchas veces, es alejada del contexto donde el movimiento metodista surge. Hablar de este personaje fuera de la Inglaterra del Siglo XVIII, es alienar la realidad de impacto, donde este “Avivamiento” formuló una propuesta de vivir la fe y practicar las Escrituras.

Debería ser de interés, para el que se aproxima al pensamiento wesleyano, imaginar que era lo que Wesley veía desde su ventana cuando preparaba sus sermones, cartas e instrucciones. La Inglaterra del siglo XVIII: “Se ve un pueblo que ha perdido su conciencia humana. La filosofía humanista deísta que eleva la razón fue presentada como la solución, sin embargo, la conducta pública fue irracional. La iglesia vendió su rol profético por un plato de lentejas, un poco de algodón, un asiento  en el parlamento, o lo que sea. El pueblo en esta época era sumamente individualista, e inhumano” (Bullón, D. p 8)

Ante esta realidad, podríamos preguntarnos: ¿Cómo el metodismo dio respuesta a estos asuntos coyunturales? El mexicano Gonzalo Báez Camargo identifica que, este movimiento desarrolló cinco elementos claves para ser de incidencia: Ser un avivamiento evangélico, puesto que estaba impulsado por la experiencia de la fe, un entusiasmo racional, una piedad ilustrada, una evangelización revolucionaria y una disciplina democrática.  (Báez, G. p 2)

Las características de este movimiento, y el dinamismo que tuvo, sirvieron de inspiración para que fuera desarrollándose, poco a poco, la teología metodista. En ninguno de los casos, al leer el pensamiento de Wesley, vemos una postura tajante, inquisitorial e intransigente, más bien, una opción por el diálogo, por privilegiar lo importante y optar por el dinamismo.

Los especialistas en la teología de Wesley han definido cuatro elementos claves para comprender sus reflexiones:

  1. La teología de Wesley tiene algunas características propias, no es una reflexión sistemática, sino más bien lo que se denomina dentro del área de la “divinidad práctica”. Esto se basa en la herencia teológica de Wesley que está contenida en  sermones, cartas y diarios.
  2. Es denominado como un pensador “ecléctico”, ya que toma lo mejor de diversas corrientes teológicas.
  3. Existe un factor histórico que hay que considerar, la figura de los hermanos Wesley y el movimiento metodista está encasillada en la Inglaterra del siglo XVIII, y el contexto de la Iglesia Anglicana.
  4. Según él mismo menciona, es influenciado por tres autores, que para él son de inspiración, para su vida de piedad y teología: Tomás de Kempis (1280-1471), Jeremías Taylor (1613-67) y William Law (1686-1761).

Debemos sumar el antecedente que Wesley fue y es una “leyenda de su tiempo”. Ante esto se desprende, como un eje teológico, la doctrina de la santidad que él desarrolló, que la podemos definir en esta declaración: “…el cristianismo es esencialmente una religión social, y que tratar de hacerlo una religión solitaria es en verdad destruirlo. Por cristianismo quiero decir ese método de adorar a Dios que Jesucristo reveló a la humanidad. Cuando digo que esta es esencialmente una religión social, quiero decir que no sólo no puede subsistir sino que de ninguna manera puede existir sin la sociedad, sin vivir y mezclarse con los seres humanos.” (Obras de Wesley. Vol. II, p.  84)  Esto le llevó a ver con atención e inspiración el texto de Mateo 25, en lo que se denomina como “el Juicio de las Naciones”, de esta forma surge su crítica al modelo capitalista de la Inglaterra del Siglo XVIII y su deseo de hacer que la iglesia vislumbrara, en la sociedad en la que estaba inserta, elementos característicos del amor. No nos olvidemos que Wesley define al metodismo como: “La Religión del amor” y la que “trabaja por el amor”.

Ahora ¿En que se materializó la doctrina de la santidad social? La historia nos cuenta que el movimiento metodista generó: El primer servicio médico gratuito para pobres; con tratamientos modernos y remedios caseros; bancos de trabajo para ayudar a los sin trabajo; una unión de créditos libres de interés para los pobres; denunciar la usura de comerciantes y mercaderes; la lucha contra la lacra del alcoholismo y la producción de Gin y Whisky (Trigo y cebada); la creación de  escuelas, hogares para niños huérfanos y pobres, para ancianos y comedores para los hambrientos, y la lucha contra el Colonialismo y la Esclavitud, expresiones que lideró el mismo Wesley.

Hablar de santidad dentro del lenguaje religioso “tradicional” muchas veces se reduce  a elementos relacionados con sexualidad, reproducción, diversidad sexual, y otros asuntos de  lo que se ha denominado como la “agenda valórica”. Pareciera que la historia del movimiento metodista nos inspira a replantear estos conceptos y ver como esta santidad debe evidenciarse, más allá de algunos asuntos que hemos catalogado como importantes. Juan Crisóstomo (siglo IV) enseñaba que la Iglesia debe tener dos altares, uno debe estar en el templo, el otro en medio de los pobres y los que sufren. Que la inspiración del Espíritu que dio origen a este movimiento nos envuelva.

Prediquen nuestra doctrina, inculquen experiencia, demanden práctica, den fuerza a la disciplina. Si predican sólo doctrina, la gente será antinominiana; si predican sólo la experiencia van a ser entusiastas; si predican todo esto y no dan énfasis a la disciplina, el metodismo será como un huerto cultivado sin cerca, expuesto a los chanchos salvajes del bosque. (Juan Wesley)

*Teólogo y Pastor de la Iglesia Metodista de Chile.

___

Referencias

Báez, G. (1953). Genio y espíritu del metodismo wesleyano, Editorial CUPSA: Ciudad de México.

Bullón,  D. (2013). El avivamiento que cambió un país, Editorial Casa Nazarena: S/ I.

Anuncios