Por Paul Alexander*

Varios de mis amigos rabinos me han explicado que hay tres D que deberíamos considerar cuando criticamos las políticas del Estado de Israel, en el trabajo por la paz y la justicia para israelíes y palestinos. Pienso que estas tres D pueden ser de ayuda y aplicarse a la forma en que mucha gente –incluidos cristianos y judíos- hablan acerca de los palestinos y el futuro del Estado palestino.

La primera D es “demonización”. Se me ha dicho que hay demonización del Estado de Israel cuando se le llama una “nación paria”, comparada a los nazis, o acusada de cometer genocidio. Concuerdo con que esas referencias rebajan el significado de su contexto original y no ayudan a señalar las políticas exactas que el Estado de Israel realiza y que son perjudiciales –como usar ingresos fiscales para subsidiar casas a judíos israelíes, en mas de 120 asentamientos en la tierra que los palestinos reclaman para su futuro Estado.

La primera D también aplica al modo en que los ciudadanos estadounidenses, cristianos y judíos, demonizan a los palestinos. Y tan inaceptable como es hacerlo contra los judíos, el judaísmo y el Estado de Israel, es hacerlo para palestinos, palestinos cristianos, palestinos musulmanes, el Islam, y el futuro Estado de Palestina. Esto es obvio para el uso extendido del término “terrorista”, sin admitir que los extremistas violentos son una minoría y que la mayoría de los palestinos son gente de trabajo duro que quieren lo mejor para sus familias y una sociedad saludable en la cual vivir. Un ejemplo de esta demonización es la película de Sacha Baron Cohen, Bruno. Ayman Abu Aita, un cristiano palestino que trabaja por la paz, fue identificado en la película con el subtítulo de “líder de grupo terrorista”. Cohen le mintió al cristiano palestino y, para propósitos de la comedia, lo llamó terrorista. Abu Aita demandó a Cohen por difamación y recientemente resolvieron el asunto fuera de la corte.

La segunda D es de “doble estándar”. ¿Por qué la gente parece ignorar comportamientos mucho más escandalosos de otras naciones que abusan de los cristianos en Oriente Próximo y en todo el mundo, y en lugar de eso ponen mucha más atención al Estado de Israel? Aunque esta es una preocupación válida para tomar en consideración, debemos reconocer que el alto estándar es impuesto por Israel mismo en tanto que reclama ser la única democracia de Oriente Próximo, que tiene los mismos valores morales que “Occidente”, que pide y recibe billones de dolares en ayuda desde los Estados Unidos cada año, y espera apoyo moral y político de los ciudadanos estadounidenses. La “tierra santa”, no es como otras tierras (incluso si no es por otra razón que por el hecho de que la historia de las tres religiones mas grandes del mundo lo dicen), y es común para algunos judíos y cristianos invocar la Biblia para apoyar al moderno Estado de Israel. Este estándar más alto es así reforzado con afirmaciones excepcionales de significado bíblico, e invita correctamente a la crítica de las políticas de Estado –como el uso desigual del agua para la Franja de Gaza, que es transferida para los ciudadanos israelíes mientras que los palestinos tienen que reservar agua en sus estanques y techos. Deberíamos criticar y buscar corregir las políticas de Estados Unidos y otras naciones alrededor del mundo, pero ciertamente los  altos estándares autoproclamados por Israel mismo invitan a la crítica.

La segunda D también aplica al doble estándar con los palestinos. ¿Por qué a los palestinos no se les garantizan iguales derechos civiles en Israel, como a los judíos israelíes? ¿Por qué los ciudadanos palestino-estadounidenses como Bishara Awad, presidente del Bethlehem Bible College, no pueden viajar con su pasaporte estadounidense en Israel? Bishara, como ciudadano estadounidense, puede viajar por todo el mundo con su pasaporte estadounidense, pero en Israel está sujeto a su ciudadanía palestina. Y se espera que los palestinos no sean violentos, que estén públicamente comprometidos con la no-violencia, que no mantengan ejército –mientras que el Estado de Israel tiene una de las fuerzas militares mas poderosas en el mundo. Una vez, escuché a un líder influyente acusar falsamente a un palestino cristiano por haber, presuntamente, respaldado el uso de la violencia como estrategia. Le pregunté a este líder si él apoyaba el uso de violencia para la defensa de su Estado y por supuesto, dijo que si. En el acto se dio cuenta de que estaba cayendo en un doble estándar respecto a los palestinos: nosotros podemos usar la violencia para construir nuestro Estado y defenderlo, pero no debes usarla para construir el tuyo. Estoy comprometido con una no-violencia consistente y me opongo al uso de cualquier tipo de violencia para la construcción del Estado palestino, y pienso que el compromiso de la Autoridad Nacional Palestina con la no-violencia es loable. Pero la movida retórica que sugiere que algunos palestinos pueden usar la violencia, cuando la persona que lo dice generalmente respalda el uso de violencia de su propia gente, cae en un doble estándar trágico.

La tercera D es “deslegitimación”. La deslegitimación del Estado de Israel incluye negar la conexión histórica de los judíos con la tierra y con Jerusalén, y cuestionar el derecho del pueblo judío a su autorrealización. Pienso que estas dos afirmaciones pueden ser aplicadas así mismo al modo en que las aspiraciones palestinas son deslegitimadas. Los palestinos tienen una antigua conexión con la tierra, la han cultivado y han vivido en ella por siglos, y tienen tanto derecho a la autorrealización como lo tienen los judíos. La retórica de la deslegitimación incluye la afirmación de que en realidad el pueblo palestino no existe, que no cuidaron de la tierra y que no existieron sino hasta 1969, 1963 o 1948 o 1931 o alguna fecha que parezca menos legítima que la identidad judía. Estas afirmaciones no solo son falsas, sino que son intentos de deslegitimar las aspiraciones palestinas. Los palestinos algunas veces son descritos incluso como insuficientemente educados para gobernarse a sí mismos o votar, parecido al modo en que los negros eran descritos unas pocas décadas atrás en Estados Unidos.

Estas tres D aplican tanto para israelíes como palestinos y no deberíamos emplear ninguna de ellas, al contrario, más bien protestar cuando las veamos operando y, haciendo esto, pienso que podemos apoyar mejor a los pueblos en Tierra Santa.

*Teólogo pentecostal. Profesor de Ética Social y Política Pública en el Palmer Theological Seminary de la Eastern University y co-presidente de Evangelicals for Social Action. Miembro fundador de Pentecostals & Charismatics for Peace & Justice. Ha sido activista pro paz en la zona de conflicto palestino-israelí.

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Originalmente publicado en Evangelicals for Social Action, 2012. Traducido con autorización. Traducción de Luis Aránguiz Kahn.

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