Por Michael Grenholm*

Vivimos en un mundo desgarrado por los rumores de guerra y la desigualdad económica extrema. Los conflictos se tornan más letales, el 20 por ciento de la población global consume el 80 por ciento de los recursos del mundo y más que combatir la injusticia, las naciones occidenales estan asegurando sus bordes y cortando la ayuda extranjera.

¿Qué piensa el Espíritu Santo sobre esto? ¿Qué busca él que nosotros hagamos?

Cuando Jesús comenzó su ministerio, fue a una sinagoga y citó a Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18-19).

Durante su ministerio, Jesús efectivamente combinó señales y milagros con paz y justicia. En tanto que sanó a todos los que vinieron a él, empezó a enseñarles sobre amar al enemigo y amar al pobre (Lucas 6:17-31). Le dijo a Juan el Bautista que uno puede saber que Él es el mesías mirando sus milagros y cuidando al desaventajado (Mateo 11:4-5).

Cuando el Espíritu Santo bautizó a la iglesia primitiva en el día de pentecostés, no solo hizo que empezaran a hablar en otras lenguas, sino también que eliminaran las barreras entre ricos y pobres (Hechos 2:43-45). El Espíritu Santo es un espíritu de paz y bondad (Gálatas 5:22). El no busca únicamente obrar milagros a través de nosotros, sino también transformar sociedades.

A través de la historia de la iglesia, la mayoría de los movimientos que han tenido experiencias carismáticas, han enfatizado la importancia del cambio social. Esto ocurrió con los valdenses, con el primer anabaptismo, con el cuaquerismo, etc. El pentecostalismo temprano era predominantemente pacifista, tal como Jay Beaman y Brian Pipkin han demostrado en varios libros. Los pentecostales de Azusa Street también enfatizaron la igualdad social, el liderazgo femenino y la oposición a la codicia y la opresión económica.

En el presente, muchos pentecostales a nivel global están involucrados en acción social local y luchan seriamente contra la pobreza, como los sociólogos Donald Miller y Tetsunao Yamamori han descubierto. La antropóloga Dena Freeman ha sostenido que el pentecostalismo ha hecho más por la pobreza en África que muchas organizaciones seculares de ayuda.

Todo esto es para mostrar que el activismo pentecostal por la paz y la justicia no solo es posible, sino que es justamente lo que el Espíritu Santo prefiere hacer.

A pesar de ello, muchos ven los milagros y la justicia social como polos opuestos. Los pentecostales son conocidos por predicar el evangelio de la prosperidad y su belicismo discursivo, mientras que los cristianos activistas parecen ser teologicamente liberales y escépticos de la espiritualidad carismática.

Es tiempo de que recuperemos el camino bíblico del carismactivismo y construyamos un fuerte movimiento de cristianos llenos del Espíritu que sean apasionados por hacer del mundo un lugar mejor.

* Editor principal en Pentecostals and Charismatics for Peace and Justice, Suecia.

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Originalmente publicado en The Christian Post, 2018. Traducción de Luis Aránguiz Kahn.

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