Por Katarina Viola Hedman*

Hace un par de años, estaba en una conferencia cristiana. El predicador era un típico carismático, con una voz dramática, un traje, algunos kilos de más y por supuesto, era hombre. Nada fuera de lo normal. Este hombre incluso intentaba ser gracioso y a juzgar por la reacción del público, lo lograba. Yo era la única que no podía reír.

La mayoría de sus chistes eran sobre mujeres, sobre cómo los hombres entendían a estas extrañas criaturas, lo terrible que eran las suegras y cosas por el estilo. Nada muy distinto a lo que vivimos diariamente. No solo en la iglesia. El predicador decía un chiste tras otro, como si el servicio fuera su propio espectáculo cómico. Tal como suelen hacer los hombres.

Hoy he sido bombardeada por el #MeToo y hombres tratando de ser galantes, pero el acoso sexual no ocurre porque un tipo haya bebido demasiado. Ni siquiera empieza por la adicción a la pornografía u otras formas tangibles de menoscabar a las mujeres. Comienza aquí. Con chistes con los que un pastor llena un mensaje frente a una audiencia que ríe feliz sin siquiera criticar.

Iglesia, debemos aceptar la idea que el #MeToo está pasando en la iglesia y que es un problema estructural. No son trágicos incidentes que pasan en “el mundo”. La cultura de menoscabar y ridiculizar a las mujeres está operando en la iglesia ¡incluso en Escandinavia!

Aunque pocos se opongan al liderazgo femenino, reír a expensas de una mujer evidentemente no resulta controversial. Desearía que la iglesia estuviera en primera línea por la igualdad en vez de respaldando una cultura que, claramente, se opone a las enseñanzas de Cristo.

Jesús no hizo bromas a expensas de las mujeres, sin embargo, los hombres que dicen ser sus seguidores sí las hacen. La mayoría del tiempo sin darse cuenta. Esto está contribuyendo a construir una cultura en que las mujeres son meros objetos, que existen sólo para satisfacer a los hombres. La objetualización conduce a la deshumanización, que es la causa primera del acoso sexual. Esto está lejos de la cultura del Reino de Dios. Aún no he visto una iglesia en donde las mujeres no sean objetualizadas.

Así que hombres, antes de tratar de actuar como buenos tipos y pretender ser los salvadores de las mujeres, examinen su corazón. ¿Se ríen a expensas de las mujeres? ¿De verdad se preocupan de  mujeres con las que no estén emparentados o casados?

Recuerden que las mujeres con las que nunca se casarán o de las cuáles nunca serán padres también son humanos. No sean cómo ese pastor y dejen de quejarse. Más bien, cambien la cultura.

*Estudiante de Historia en Uppsala, Suecia. Pertenece a una comunidad cristiana vinculada a Jerusalem Project.

___

Originalmente publicado en Pentecostals & Charismatics for Peace & Justice, 2017. Traducido con autorización. Traducción de Daniela Soto Vergara.

Anuncios