Cecil Robeck*

El movimiento pentecostal moderno es un hijo del ala radical del movimiento de Santidad que defendió la doctrina de la santificación como un segundo, definitivo trabajo de gracia. El movimiento de Santidad era muy activo en trabajos de justicia social, pero no se limitaba sólo a esto, también incluía varios ministerios de compasión, trabajo inter-racial, templanza, y el voto femenino. A partir de 1850, en especial, el movimiento Pentecostal produjo un número de mujeres que ministraron como evangelistas, líderes de estudio bíblico e incluso como obispas. La Señora Alma White fue una popular predicadora Metodista que participó en la Asociación Metropolitana de Iglesias, una de las tantas asociaciones de Santidad. En última instancia, Alma dejó ambos grupos y fundó la Iglesia del Pilar de Fuego. Ella fue consagrada como obispa por el evangelista de Santidad William Godbey.

Con este tipo de trasfondo del movimiento pentecostal en Estados Unidos, pareciera que las mujeres jugaron un papel significativo. Y así fue. Charles Fox Parham entrenó mujeres para el ministerio en el Movimiento de la Fe Apostólica desde 1900 en adelante. Su cuñada, Lilian Thistlewaite, mantuvo reuniones por su propia cuenta a lo largo del medioeste y apareció junto a Parham en reuniones ampliadas en otros lugares. Parham comisionó a un número de mujeres para establecer iglesias y servir como pastoras.

El predicador afroamericano William Joseph Seymour trajo el Movimiento de Fe Apostólica a Los Ángeles en 1906. Su Misión Calle Azusa rápidamente se hizo conocida como una congregación interracial liderada por un pastor afroamericano, con mujeres capaces y hombres proveyendo liderazgo y alcance. La misión fue incluso ridiculizada en la primera plana del diario Los Angeles Evening, Julio 23, 1906 por violar la enseñanza de Pablo en 1 de Corintios 14:34 respecto al silencio de la mujer.

Los primeros pentecostales entendieron este versículo dentro de un contexto histórico y cultural, no como una directriz global. Estaban mucho más cautivados por la promesa hecha en Joel 2:28-29 que en los “últimos días” Dios derramaría de su Espíritu sobre toda carne, incluyendo hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, libres y esclavos por igual. Según Hechos 2:17-18, Pedro apeló a estos versículos en el día de Pentecostés y los pentecostales encontraron en esto la justificación para que tanto mujeres como hombres proclamaran el evangelio. Esta posición fue alentada por la apelación de 1 de Corintios 12:11, que indica que el Espíritu Santo entrega dones de forma individual, y por Gálatas 3:28 que apunta sobre la igualdad de género en la iglesia.

El Pastor Seymour le dio la bienvenida a mujeres en el púlpito de la Calle Azusa, proveyó de credenciales a mujeres y hombres, y los envió fuera como misioneros y plantadores de iglesias. Publicó su compromiso en las siguientes palabras: “Es contrario a las escrituras que las mujeres no tengan su parte en el plan de salvación al que han sido llamadas por Dios. No tenemos derecho a obstaculizar su camino, sino que a ser hombres de santidad, pureza y virtud, levantando el estandarte y alentando a las mujeres en su trabajo, y Dios nos honrará y bendecirá como nunca antes. Es el mismo Espíritu Santo el que está en las mujeres y en los hombres”.

Con el apoyo de Seymour, la señora Florence Crawford se hizo responsable de la extensión de la Misión a lo largo de la costa este llegando tan lejos como a Minneapolis. Ella se distanció de Seymour en 1908 y estableció su propia denominación, la Iglesia de Fe Apostólica (Portland, Oregón) con congregaciones en Estados Unidos, Escandinavia y el este de África. La señora Emma Cotton, una mujer afroamericana, fundó al menos ocho congregaciones pentecostales en Los Ángeles, el Valle de San Joaquin, y Oakland, antes de entregársela a la Iglesia de Dios en Cristo. A pesar que Foursquare fue fundada por una mujer, y que las mujeres dominaran sus púlpitos durante los años 20’-30’, hoy en día el caso no es así. Las mujeres han encontrado muy difícil ser reconocidas como ministros.

A pesar que las mujeres han jugado un papel muy importante en el crecimiento y desarrollo de otras denominaciones pentecostales, especialmente en el ámbito de la misión mundial, los grupos pentecostales difieren en el papel que las mujeres deberían desempeñar. En la Iglesia de Dios en Cristo, a ratos, las mujeres son ordenadas para el trabajo misional y evangelismo, pero no como pastores u obispos. Sin embargo, hay mucha flexibilidad en lo que concierne a dónde pueden servir las mujeres, y algunas de ellas son muy requeridas para servicios, avivamientos e incluso para servir a largo plazo en congregaciones locales. Las mujeres ejecutan un poder significativo en el hecho de dominar el sistema educacional de la denominación y ningún obispo ordenaría a nadie sin la previa aprobación de las mujeres.

Las Asambleas de Dios dieron licencia y ordenaron a mujeres para el trabajo en misiones y evangelismo desde su origen en 1914 y ordenaron mujeres para predicar, pero no para servir como pastores desde 1922, excepto en emergencias, cuando no había hombres disponibles. La mayoría de los centros de misión mundiales de las Asambleas de Dios fueron iniciados por mujeres, a pesar que hoy en día la mayoría de las mujeres han sido reemplazadas por hombres. Solo en 1935 las mujeres fueron finalmente hechas compañeras de ministerio en pleno e igualitariamente sin restricciones. De acuerdo a esto, mi propia madre recibió y mantuvo sus credenciales desde 1941 hasta su muerte en 2010.

Mientras muchas mujeres ordenadas hoy en día son viudas de pastor, a menudo sirven como copastores, e incluso algunas congregaciones son de hecho lideradas por mujeres. En los recientes años, a través de un sistema de acción afirmativa, muchos distritos han abierto posiciones de liderazgo a nivel de presbiterio y las Asambleas de Dios han elegido una mujer para servir en el Presbiterio Ejecutivo a nivel nacional. Una mujer también sirve como presidenta en la Universidad Evangel, la única universidad nacional de las Asambleas de Dios. En 2010, el presbiterio general (un grupo nacional de aproximadamente 1000 pastores y líderes) adoptó una posición formal respecto al tema, intentaron una vez más afirmar el lugar de las mujeres en el “ministerio y liderazgo espiritual”.

En la Iglesia de Dios (Cleveland, Tennessee), por mucho tiempo mujeres han tenido la libertad de predicar y ejercitar sus dones espirituales, pero no se les permite servir en posiciones de autoridad. Ellas sirven como pastoras bajo la autoridad de un obispo. Hasta 1900, las mujeres no podían oficiar una comunión ni matrimonios, bautizos o funerales, es decir, las funciones sacerdotales normales. En 1992, se les permitió por primera vez votar en la asamblea general internacional, y desde el 2000 se les permite servir en todos los oficios excepto el obispado. En 2010, la pregunta sobre si las mujeres debían o no servir como obispas fue considerada, pero derrotada por un estrecho margen. Más recientemente, se les ha dado más libertad a los ministerios de mujeres a nivel estatal y local a través de compromisos de varios comités y directorios.

Por supuesto, el reciente crecimiento en los cargos de liderazgo de las mujeres pentecostales no ha estado exento de obstáculos. Algunas denominaciones pentecostales han encontrado una creciente resistencia respecto al papel que la mujer debería desempeñar en el clero. A menudo, esas presiones han provenido de hombres más jóvenes- influenciados no por sus raíces pentecostales, sino que irónicamente, por celebridades neo-reformadas como Mark Driscoll y John Piper. Esta resistencia por si misma ilustra la continua y confusa absorción de la identidad pentecostal dentro de una identidad evangélica conservadora que ha estado funcionando desde los inicios de los años ‘40.

*Es profesor de historia de la iglesia y ecumenismo, y director del Centro David J. DuPlessis para la Espiritualidad Cristiana en el Seminario Fuller.

___

Originalmente publicado en FullerStudio, 2017. Traducido con autorización. Traducido por Daniela Soto Vergara.

Anuncios