Por Patrick Bornhardt Daube*

Acercándose el tiempo de Pentecostés, se me propuso escribir, como luterano, sobre la perspectiva de Dietrich Bonhoeffer en torno a esta fiesta. Lo más difícil es que, por más que buscara, no encontré ninguna referencia explícita, por parte de Bonhoeffer, al Pentecostés. Algo que me motivó en mi búsqueda fue el artículo de Patrick Franklin sobre la eclesiología misional de Bonhoeffer, que traduje recientemente.

Tal artículo presenta una recepción de Bonhoeffer desde la perspectiva de la Misión Integral, conocida también bajo términos como “iglesia misional” o “iglesia holística”. Esta perspectiva la vemos promocionada por teólogos y movimientos relacionados a la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) y a la Red Evangelio y Nuestra Cultura (GOCN = Gospel and Our Culture Network), entre otros.

En este tiempo de Pentecostés, en que recordamos cómo el Espíritu Santo se manifestó a la Iglesia para comenzar la misión a todas las lenguas, naciones y razas, me parece pertinente resumirles el aporte de la eclesiología misional de Bonhoeffer y su relación con el Pentecostés. Por cuestiones de extensión no podré profundizar mucho, pero dejaré lineamientos claros.

Muy pocos se han abocado a la pneumatología (teología del Espíritu Santo) y a la misionología (teología de la Misión) de Bonhoeffer, que suele escribir siempre en términos cristológicos (teología sobre Jesucristo) y eclesiológicos (teología sobre la Iglesia). Bonhoeffer no trata la pneumatología ni la misionología de forma sistemática, ni usa el mismo lenguaje que los misionólogos de su tiempo. Sin embargo, concuerdo con Patrick Franklin en que la eclesiología de Bonhoeffer es esencialmente una eclesiología misional. No tiene una misionología que dependa de su eclesiología ni como una rama distinta a su eclesiología, sino que tiene una eclesiología misional. Pero… ¿qué significa “misional”?

El término “misional” fue acuñado para expresar que la misión no es simplemente una sub-categoría de la eclesiología, sino que es la esencia de lo que significa ser Iglesia. La Iglesia no “hace” misión, sino que la Iglesia “es” misión. La iglesia no “tiene” una misión, sino que la misión tiene una Iglesia. Dios ha creado una Iglesia para su misión, una Iglesia enviada. Esta perspectiva se basa en la naturaleza misional de Dios, la naturaleza misionera o “enviadora” de Dios (i.e., la missio Dei), en cuanto Dios envía a su Hijo, a su Espíritu y a la Iglesia al mundo. Dios mismo ha venido al mundo con una misión, y nos da el privilegio de ser parte de ella.

Son 3 las ideas principales de Bonhoeffer que Franklin explora: 1) la Iglesia se compromete con la misión al proclamar y encarnar el evangelio; 2) la Iglesia logra su misión por la fe, no por “religión”; y 3) la Iglesia persigue su misión al existir-para-otros en una vida de costoso discipulado y acción responsable en medio del mundo. En este artículo trataré nada más la propuesta que hace Bonhoeffer de un “cristianismo sin religión” y lo relacionaré con la misión, el Pentecostés y el cristianismo pentecostal.

Primero, un poco de contexto para poder referirnos a la diferencia que hace Dietrich Bonhoeffer entre “fe” y “religión”. Hemos de saber que, como actor relevante de la Iglesia Confesante en Alemania (Bekenende Kirche), tuvo que llevar a cabo su tarea teológica de forma clandestina y finalmente fue llevado a la cárcel por conspirar contra Hitler, hasta ser ahorcado el 9 de abril de 1945, un mes antes de la rendición de Alemania y el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La Iglesia Confesante fue una minoría en la Iglesia Evangélica Alemana que se opuso al nazismo y a las presunciones del movimiento de Cristianos Alemanes (Deutsche Christen), que había puesto a la iglesia en completa subordinación al Führer y a su agenda nacionalista y racista. La Iglesia Confesante tuvo que levantar su voz para insistir que nuestro único Führer (líder) es Jesucristo y que hemos de reconocer la autoridad tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento (los Cristianos Alemanes desconocían la autoridad del AT por ser judío), así como el deber de la Iglesia de mantenerse independiente del gobierno y confrontarlo con la Palabra de Dios.

Es justamente en las cartas que escribe desde la cárcel, que después son recopiladas bajo el título Resistencia y Sumisión, donde desarrolla sus ideas de un “cristianismo sin religión”, completamente decepcionado de la iglesia institucional que apoyó al nazismo. La religión organizada simplemente ha luchado por su propia supervivencia y ha minado la fe auténtica, dejando a Cristo de lado. Además, ¿cómo se ha de presentar la fe en una sociedad moderna, que en su “mayoría de edad” ya no acepta las propuestas religiosas? La pregunta que Bonhoeffer se hace constantemente y que es motora de toda su teología es: “¿Es hoy Cristo el fundamento de la Iglesia? ¿Quién es Cristo para nosotros, y qué está diciendo hoy al mundo?” Su crítica es cristocéntrica y contiene una confianza evangelística que de ninguna forma puede sustentar la idea posteísta que algunos teólogos han formado de Bonhoeffer, así como tampoco puede sustentar la idea que algunos teólogos de la liberación se han hecho de él.

Son seis los aspectos que Patrick Franklin rescata de la crítica que Bonhoeffer hace contra la religión, esenciales para vivir una auténtica misión integral de cara al siglo XXI: 1) religión natural vs fe reveladora; 2) dos esferas vs totalidad de la realidad; 3) individualismo privado vs testimonio público; 4) Dios como tapa-hoyos vs Dios como centro de la existencia; 5) privilegio y status vs postura de servicio; 6) retirada cultural vs compromiso mundano. Trataré de tratar cada punto de forma resumida, pudiendo ustedes recurrir al artículo ya mencionado para profundizar.

 

     Religión natural vs Fe reveladora

Para Bonhoeffer la religión, junto a la ética, la razón, el deber, la libertad, la virtud, el sentimentalismo, etc., son intentos humanos para llegar a Dios. La religión se basa en medios humanos para llegar a Dios y como tal es un camino fracasado, pues el humano, a raíz de la caída, tiene un cor curvum in se (un corazón curvado hacia sí mismo). A cambio, la fe auténtica es una revelación y viene solo de Dios. El único camino fructífero hacia Dios es el que Dios mismo ha hecho hacia nosotros: Cristo Jesús. En consecuencia, Jesús no fundó una nueva religión, sino que re-creó y renovó una parte del mundo, esta es la Iglesia, una nueva humanidad. Mientras que la religión se preocupa por la piedad y esfuerzo humano, la fe se orienta a la realidad de Dios. Mientras que la religión se origina con las palabras humanas, la fe viene de la Palabra de Dios (aparte de la Palabra de Dios, las palabras religiosas son superfluas).

Bonhoeffer emplea a la religión la crítica de Pablo a la circunsición (Gal.2:11-21). Para Pablo, la circuncisión verdadera (la fe verdadera) no tiene relación a apariencias externas, sino que concierne al corazón y es lograda por el Espíritu Santo (Gal.5:5; 6:16; Rom.2:25-29). Al aplicar estos pasajes, Bonhoeffer señala que la religión es el intento humano por alcanzar a Dios en base a sus propias intenciones, esfuerzos y capacidades. No hace a la gente libres-para-Dios-y-los-otros, sino que las encarcela y esclaviza en expectativas, leyes, sistemas, ideologías humanas y sub-culturas. En contraste, la fe verdadera se basa en la acción y el amor incondicional de Dios, en su gracia.

 

     Dos esferas vs Totalidad de la realidad

Mientras que la religión es fragmentaria, la fe es holística. Considera la totalidad de la propia existencia, pues Jesús no llama a cambiarse de religión, sino que llama a una nueva vida. Expone el peligro del pensamiento dicotómico de “pensar en dos esferas”, en la que separamos nuestra vida religiosa de nuestra vida secular, lo que divide nuestra vida en categorías fragmentarias, compartamentalizadas y desconectadas. Otras dicotomías a criticar son la de fe interior y práctica exterior, gracia y obras, vida privada y vida pública, entre varias otras. La fe debe impactar la totalidad de nuestra vida, de forma integral y holística, o sino la fe y la persona de Cristo se vuelven irrelevantes. Se practicaría una “espiritualidad” que no impacta nuestra vida “secular” y una vida “secular” que reclama autonomía y supremacía sobre la vida “espiritual”. Esto asume que existen realidades que se escapan de la realidad de Cristo y de su autoridad, ignorando la relevancia de que Dios se haya hecho carne en Jesucristo, reconciliando en Él toda la realidad. La fe auténtica se pone en el Cristo Encarnado, que es el Centro y Mediador de toda nuestra experiencia y realidad.

 

     Individualismo privado vs Testimonio público

A medida que la opresión política, espiritual y racial aumentaba en Alemania, Bonhoeffer fue aumentando su crítica hacia las formas internas e individualistas de piedad que no llevaran a los cristianos a ser solidarios con los oprimidos o a protestar contra las atrocidades nazis. He ahí su famoso lamento: “Solo aquél que llora por los judíos puede cantar canto gregoriano”. Critica el individualismo y la exagerada “extra-mundanidad” del cristianismo, que reduce el evangelio a una religión para “salvar almas” para un “más allá”. Sin negar la relevancia de la vida eterna, la Encarnación demuestra que Cristo vino a restaurar este mundo, y Bonhoeffer nos exhorta a escuchar el llamado que hacen los profetas del Antiguo Testamento a confrontar la opresión, la pobreza y la falta de Dios en nuestro mundo.

 

     Dios como tapa-hoyos vs Dios como centro de la existencia

La religiosidad de las diferentes culturas ha usado el concepto de Dios para explicar (tal vez por flojera) aquello que se escapa de nuestro conocimiento, o bien han invocado a Dios como a una especie de genio que nos tiene que servir cuando las fuerzas humanas encuentran su límite. Un ejemplo contemporáneo es la teología de la prosperidad, que promete felicidad, riqueza, poder, influencia, seguridad y privilegio, pero que no necesariamente implica una conversión y un seguimiento real. El diezmar y obedecer al pastor se vuelven formas de negociar o invocar a Dios, como si fuera un hada que tapa nuestras falencias y cumple nuestros sueños. Aquella gente queda fácilmente atrapadas en ideologías triunfalistas que apoyen sus propias agendas, usando a Dios para justificar sus propios deseos de poder. Pasa lo mismo con muchos teólogos de la liberación, que utilizan a Dios y la religión solo como un medio para apoyar sus propias agendas ideológicas y para tener influencia.

Critica el uso de un Deus ex machina, un Dios que no es parte de la vida ni de la realidad, pero que esperamos irrumpa en ella a resolver cuestiones de forma mágica. En la medida que la ciencia aumenta, ese dios tapa-hoyos pierde relevancia, empujando a Dios a la periferia de nuestra vida.

La fe auténtica no utiliza a Dios como instrumento para tapar hoyos, sino que la fe auténtica vive con Dios, frente a Dios y para Dios cada segundo, y ve en Él el centro y la esencia de la vida, el sentido de la realidad en todas sus dimensiones.

 

     Privilegio y status vs Postura de servicio

Otra crítica relevante es que la “’religión’ ha formado un cristianismo que desarrolló una clase privilegiada de iniciados que está por encima de los de afuera.” Gracias al imperio romano y la formación de la cristiandad (concepto que entiende a las sociedades occidentales como sociedades cristianas o Estados cristianos), la iglesia logró un estatus honorífico y asumió una posición de guardiana y de tutelaje sobre la sociedad. Las instituciones religiosas cristianas se volvieron poderosas e influyentes, fomentando dependencia en sus miembros, en vez de convertirlos en agentes de cambio empoderados por el Espíritu para la misión. Para corregir esta tendencia, Bonhoeffer insiste que el cristianismo debe aceptar la venida de un mundo mayor de edad y adoptar el consiguiente rechazo al patronaje de la Iglesia. Esto es, rechazar el concepto de cristiandad. Paradójicamente, esto nos llevará a un verdadero reconocimiento de nuestra situación ante Dios y la sociedad: una de testimonio y servicio plenamente humildes, dependiendo del poder del Espíritu Santo y no del poder de los reinos de este mundo.

 

     Retirada cultural vs Compromiso mundano

Mientras que la fe auténtica lleva a un encuentro transformador con el mundo real, la religión promueve una mentalidad sectaria o de gueto. Bonhoeffer siempre elogia la “mundanidad” del cristianismo, pero al hacerlo no está promocionando una actitud o un estilo de vida irresponsable, descuidado ni hedonista. Es cuidadoso al distinguir entre formas genuinas y falsas de mundanidad. Para Bonhoeffer, la mundanidad solo puede ser genuina cuando se basa en la Encarnación de Jesucristo. Como dice en su poema del 21 de julio de 1944:

“El que se ha dejado a sí mismo para dedicarse a las tareas de este mundo, se entrega completamente en los brazos de Dios… eso es fe… y toma con seriedad el sufrimiento de Cristo en este mundo.”

 

     Volviendo al Pentecostés: Impulso hacia un cristianismo sin religión

Al menos desde mi comprensión de la fe cristiana y evangélica, desde una propuesta luterana y bonhoefferiana, veo la urgencia de volver a enfatizar en el Pentecostés. Estamos ante una sociedad mayor de edad que nos está exigiendo un mejor testimonio, uno que se desprenda de los vicios de la religión y que deje de utilizar a Dios para sus propios fines y proyectos. En este sentido, veo en el Pentecostés una inspiración para encarnar lo que Bonhoeffer propone como un cristianismo “sin religión”, una fe auténtica centrada en Cristo y en la acción del Espíritu de Dios en nuestro mundo.

En los pasajes ya citados (Gálatas, Romanos), en que Pablo critica a los judaizantes, se nos muestra que la misión no trata de imponer nuestras formas, culturas e ideas, sino de que las personas conozcan a Dios en la persona de Jesús y les transforme a ellos, así como a nosotros. Lo mismo vemos en Hechos 15, en el primer gran Concilio de la Iglesia. En el Pentecostés de Hechos 2 y 4 vemos como el Espíritu Santo levanta una comunidad de discípulos enviada a todas las lenguas, culturas y razas, no para imponerse, sino para servir y ser transformados. Predicar al Jesús crucificado y resucitado lleva sin otra alternativa a una comunión profunda con Dios y los hermanos. Una transformación completa de nuestra vida hacia una libertad-para-Dios-y-los-otros. Una comunión que abarca todos los aspectos de la vida, especialmente el económico y el social. En aquella comunidad cristiana vemos con claridad que se rompen todas las supuestas dicotomías, que el servicio social se basaba en la predicación de Jesús viceversa, y se dirigía tanto a los hermanos como a toda la sociedad. Aquello se ve con más énfasis en la elección de los diáconos, destinados a servir a las mesas (Hechos 6). Pareciera que los apóstoles quieren ver la predicación de la Palabra y la acción diacónica-social como áreas excluyentes, pero el Espíritu Santo dice otra cosa al enviar a Esteban, escogido como diácono, a predicar y volverse el primer mártir de la Iglesia. Lo importante es la vida comunitaria que suscita el Espíritu Santo y que se abre a compartir con el otro, encarnando el cuerpo mismo de Cristo en la comunidad de discípulos. Los discípulos se ven constantemente enfrentados a los políticos y poderosos, al igual que Cristo, pero siempre se fían del humilde poder del Espíritu y su Palabra.

Esto se sigue enfatizando en el llamado “Pentecostés de los gentiles”, en Hechos 10, cuando Pedro es llamado a sobrepasar sus concepciones religiosas de lo puro e impuro, y es llamado a predicar a Cornelio y los suyos, reconocer el don del Espíritu Santo en ellos y bautizarles.

El cristianismo de Hechos, y del Nuevo Testamento en general, es la respuesta a un judaísmo anquilosado en su religiosidad, así como una respuesta a los movimientos de liberación mesiánicos. Critica tanto a los ritualistas como a los politiqueros. Contextualizándolo al día de hoy, cito la referencia que René Padilla hace a Bonhoeffer:

“Afirma Bonhoeffer que en ambos acercamientos se puede hablar y predicar sin mayor dificultad, puesto que para ambos hay audiencia. La iglesia que huye del mundo atrae a los débiles, a los defraudados, “a los hijos desleales de la tierra”. Por otra parte, la iglesia secularizada atrae a los valientes y decididos, “a todos los hijos demasiado fieles a la tierra”. En ambos casos, sin embargo, lo que prima es la falta de fe en el Reino de Dios: no cree en el Reino ni el que trata de encontrarlo fuera del mundo, ni el que piensa que tiene que construirlo como un reino de este mundo”

Refiriéndonos a los avivamientos y pentecostalismos de hoy, hemos de decir que comparten con Bonhoeffer una inquietud esencial: la corrupción de la institucionalidad y la religión organizada, que minan la fe auténtica.

Por otro lado, hay una diferencia crucial. Se trata de la diferencia que los luteranos hacemos entre la teología de la gloria y la teología de la cruz. Se ha de tener cuidado cuando los avivamientos y los dones del Espíritu hacen que los ojos se pongan sobre los hombres, y se utilicen supuestas manifestaciones para auto-justificar las propias presunciones de poder, o para juzgar a aquellos con otra expresión de la fe o una agenda distinta a la propia. Aquello se aleja completamente del mensaje de Pentecostés. Los luteranos insistimos en la teología de la cruz, que nos llama a no buscar a Dios en lo espectacular, sino que en el escándalo de la muerte y debilidad de Dios en la cruz. La teología de la cruz insiste que seguir a Cristo significa seguirle en el camino de la cruz, en la obediencia simple y sencilla a su Palabra. La teología de la cruz desconfía constantemente de nuestra acción humana y apunta constantemente a la gracia de Dios, de la cual dependemos constantemente.

Bonhoeffer critica el sentimentalismo y otras formas de manipulación que no impliquen un encuentro real y comprometido con la realidad de Cristo y de las personas. Sin embargo, diría que toda su propuesta eclesiológica y misional se ve muy influenciada por su experiencia en Estados Unidos, junto a las pentecostalizadas iglesias negras. Quedó estupefacto con los “negro spiritual” y en una carta a su familia escribió:

“He tenido la oportunidad de escuchar el evangelio en las iglesias negras. Aquí uno puede hablar y escuchar de forma veraz sobre nuestro pecado y sobre la gracia de Dios y su amor, aunque sea en formas a las que no estamos acostumbrados. En contraste con las prédicas blancas, generalmente didácticas, ¡el Cristo negro es predicado con una pasión y visión arrebatantes!”

Mi intención al escribir esto, es que miremos la precaria realidad de la Iglesia hoy, dividida y eternamente sub-dividida en grupos que luchan entre sí y buscan su propia supervivencia. Iglesias pentecostales, que nacieron del avivamiento liberador del Espíritu, ahora esclavizadas por instituciones rígidas, obsesionadas por “el buen testimonio” como si la salvación fuera por obras, obsesionada por la autoridad de los pastores y los ungidos, limitando el poder de la mujer dentro de las iglesias (cuando el origen pentecostal se debió en gran medida a liderazgos femeninos), obsesionadas en mantener su subcultura, confiando más en su propia tradición que en la Biblia misma, luchando por espacios de poder y dominación por medio de partidos políticos, imponiendo su agenda ideológica y mirando con desconfianza a otros hermanos que confiesan al mismo Señor.

No es una realidad que aplique solo a pentecostales, sino que es generalizada en nuestras diferentes comunidades, especialmente en mi propia iglesia, sumida en divisiones institucionales y aferrada a la supervivencia de sus proyectos propios.

Se hace muy vigente la pregunta que perseguía a Bonhoeffer: “¿Es hoy Cristo el fundamento de la Iglesia? ¿Quién es Cristo para nosotros, y qué está diciendo hoy al mundo?”

Solo hay una esperanza: ¡Que Dios obre un genuino avivamiento en medio nuestro! ¡Que un nuevo Pentecostés nos libere de nuestra religiosidad y renueve a la Iglesia, enviándola tanto a proclamar como a encarnar a Cristo, en medio de nuestro mundo sufriente y necesitado de Dios!

Ven, Señor Jesucristo. Ven, Espíritu Santo. Amén.

*Miembro de la Iglesia Evangélica Luterana en Concepción, Chile. Estudiante de Teología en la Comunidad Evangélica Teológica de Chile. Autor en el blog personal Protesta y Fe.

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