Hye Sung Francis Gehring*

Cuando era  estudiante de primer año de universidad, mis amigos y yo estábamos descubriendo la espiritualidad carismática juntos. Teníamos largas sesiones de oración frecuentemente, y siempre esperábamos experimentar y escuchar a Dios. Era desordenado, ingenuo, a menudo alimentado por temor, pero de alguna manera Dios estaba ahí mientras experimentábamos con este extraño misticismo que estaba tan seguro de que el Espíritu de Cristo estaba dentro de nosotros. Algunos recorríamos nuestro campus seguidamente, orando tranquilamente en lenguas, reprendiendo los espíritus entre nosotros causando miedo, sequía espiritual, depresión, etc., y declarando una mejor forma para la Iglesia y para la escuela. Llamábamos a esto guerra espiritual.

Todavía creo en el poder de la guerra espiritual, incluso si gran parte de nuestra caza de demonios era un poco boba. Me gusta pensar que el Espíritu Santo interpretaba nuestras oraciones en la forma que necesitaban ser interpretadas, y quizás si empujamos al diablo fuera de nuestro campus, aunque sea un poco. Esperemos. Pero aún, antes de  los retiros de Friends of Jesus (Amigos de Jesús), solía tratar de pasar tiempo en intercesión, orando por el derramamiento del Espíritu y protección del enemigo, que ama provocar discusiones entre creyentes y apagar al Espíritu Santo. Todavía soy un firme creyente en que Cristo dio  la iglesia autoridad para testificar, profetizar, y remecer las cosas en esta tierra, y en el reino espiritual, para darnos cuenta de que el reino de Dios está entre y con nosotros.

Aún les ordeno a los demonios callarse y retirarse. Aún oro en lenguas cuando percibo algo extraño, a veces es una preocupación espiritual válida, y otras veces es sólo mi ansiedad social actuando mal. Habiendo dicho esto, creo firmemente que estas cosas ayudan, son reales y buenas. He visto a Dios sanar a docenas de personas enfermas cuando se le ponían las manos y la Palabra de Dios era declarada sobre ellos, “sé sano”. He sentido el poder de la liberación, el peso de la vergüenza arrancado de mi espíritu por una palabra profética. He sentido cambios en la atmósfera durante la alabanza, y luego he notado a alguien hablando en lenguas suavemente, o intercediendo, y sentía que ellos probablemente estaban ayudando a limpiar el ambiente y gozar de la presencia de Dios.

Yo creo que estas cosas son reales.

Y cuando vamos a las calles a protestar, a manifestarnos, estamos abordando al enemigo: sistemas opresivos, abusivos y corruptos. Nosotros hacemos guerra contra el espíritu de racismo mientras declaramos que Las Vidas Negras Importan (#BlackLivesMatter), y mientras apuntamos a los pecados de nuestro país, los pecados de nuestro pueblo, y mostrando un mejor camino. Uno de compasión, uno de esperanza, uno de amor. Aun si marchamos con aquellos que no se identifican como seguidores de Cristo, llevan un manto y una unción para aplastar la obra del enemigo y extender la realidad del amor de Dios.

Todo esto para decir: protestar es reprender. Protestar es hacer guerra contra el diablo. Protestar es profetizar. Y mientras continúan creciendo formas peligrosas de fundamentalismo religioso y político en todas las direcciones, y mientras el Imperio continúa sacrificando a personas inocentes en todo el mundo, necesitamos hacer guerra ruidosamente contra estos espíritus que están ahorcando a la Iglesia y el mundo, y necesitamos predicar las Buenas Nuevas. Necesitamos ser las Buenas Nuevas.

La Iglesia en América, en este alucinante y descorazonador clima político, necesita hablar. Necesitamos llamar a los pecados sistémicos del mundo, incluyendo a instituciones religiosas, y vivir y predicar un camino hacia adelante. Tu lengua tiene poder sobre la vida y la muerte (Prov. 18:21), y cuando tú decides no hablar por la Vida, muchas veces le estás dando poder a la muerte. Entonces, habla. Ruidosamente. Por los oprimidos, por los perdidos, por los dolientes, y por todos los hijos de Dios.

 “La batalla que libramos no es contra gente de carne y hueso, sino contra principados y potestades, contra los que gobiernan las tinieblas de este mundo, ¡contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes!” – Efesios 6:12

En una reunión de Quakeros, vemos esta profecía cumplida semana tras semana, mientras vivenciamos corporalmente el bautismo del Espíritu y escuchamos la voz de Dios desde quien sea que esté ministrando. Puede que no seamos un grupo rimbombantemente espiritual, santo y que habla en lenguas, aunque no me molestaría tener un poco más de eso, pero una cosa que los Quakeros conocemos es el poder y la voz del Espíritu. Como la Sociedad de Amigos (Society of Friends), tenemos una gloriosa herencia como un pueblo del Espíritu y estoy agradecido que aún hoy continuamos cosechando los dones del Pentecostés en nuestra alabanza profundamente carismática.

*Pneumatologista amateur, quakero pentecostal y amigo de Dios y los hombres.

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Originalmente publicado en Pentecostals & Charismatics for Peace and Justice, 2017. Traducido con autorización. Traducción de Daniela Berdía Pfeifer.

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