Micael Grenholm*

Este viernes santo, millones de cristianos en todo el mundo contemplan los sufrimientos de Cristo en su muerte por nuestros pecados. En mi experiencia, no es tan común entre pentecostales y carismáticos el hablar sobre el sufrimiento como algo factible. Más bien, nuestro énfasis en la sanación usualmente nos ha llevado a pensar que el dolor es siempre malo. Y al mismo tiempo que estoy convencido de que deberíamos orar y trabajar siempre para aliviar el sufrimiento involuntario, al mismo tiempo debiésemos también estar preparados para sufrir por la obra de Cristo – ¡e incluso contarlo como un gozo! (Mt. 5:11-12)

Después de todo, seguimos a un Dios crucificado que nos dijo que tomáramos nuestras cruces y lo siguiéramos (Lc. 14:27). Nos dijo que deberíamos esperar persecución y poner la otra mejilla cuando fuéramos golpeados (Mt. 5:39). También se nos dijo en las Escrituras que tendremos pruebas y dificultades espirituales (Stg. 1:2ss)

Puede que parezca difícil sincronizar esto con el mensaje del Reino sobre luchar contra el sufrimiento mediante la sanidad, la liberación, la reducción de la pobreza y el trabajo por la paz. Pero esta es una de las paradojas del Reino –mientras deberíamos aliviar el sufrimiento, debiésemos estar listos para sufrir. No deberíamos buscar el sufrimiento o ser felices cuando otros sufren, pero cuando somos afectados por el sufrimiento, lo que indudablemente pasará de tiempo en tiempo, no debiésemos interpretarlo como un abandono de Dios sino como una experiencia de humillación para identificarnos con Cristo.

Muchos carismáticos que experimentan milagros y revelación han pasado a la vez por profundo dolor. Smith Wigglesworth, el predicador de sanidad pentecostal británico que levantó a varios de la muerte, perdió a su esposa en el inicio de su ministerio, y él mismo enfermó gravemente de cálculos renales. John Wimber oró por miles de personas que fueron sanadas, pero murió en una pelea muy dolorosa contra el cáncer. Heidi Baker está viviendo un avivamiento en Mozambique pero justo antes del avance ella, su esposo y su hija estuvieron muy enfermos y apenas tuvieron dinero para continuar.

Otro ejemplo es Surprise Sithole, el compañero de trabajo y amigo de Heidi en Sudáfrica. En su libro Voice in the Night (Voz en la Noche), describe su infancia como hijo de una familia de médicos brujos en Mozambique, y cómo Dios lo llamó una noche diciendo su nombre y mandándole abandonar el pueblo, o si no moriría. Dejó ese pueblo y llegó a otro en el que conoció a un cristiano que le enseñó acerca de Jesús. Posteriormente, descubrió que una tribu enemiga fue a su pueblo y mató a toda su familia. Él fue rescatado, pero todos los que amaba murieron.

Años después, viajó como misionero a predicar el Evangelio en medio de la Guerra civil. Estaba viajando con varias personas en un camión, custodiado por soldados. De pronto, pasaron por una mina y el camión explotó. Surprise vio cómo dos manos desde el cielo vinieron, lo levantaron y lo pusieron a salvo. No tuvo rasguño, mientras que todos los demás murieron quemados vivos. Los soldados no se explicaban cómo sobrevivió pero lo pusieron en una van. No obstante, justo antes de que empezaran a viajar otra vez, un soldado pensó que el camión estaba sobrecargado y ordenó a Surprise y otros cambiarse de vehículo. Pronto, la van que dejó chocó con una mina y todos los que estaban en ella murieron.

Ambas experiencias fueron, por supuesto, muy dolorosas para Surprise, pues mientras agradecía a Dios por salvarlo sobrenaturalmente, el saber de las muertes brutales de aquellos que por alguna razón no fueron salvados, fue horrible. Aun así, Surprise es una de las personas más alegres que conozco, con una gran sonrisa y corazón. El sufrimiento no es fácil de entender. Pero no debiésemos ignorarlo ni explicarlo, porque tiene un rol importante aún en el movimiento pentecostal y carismático.

* Editor de Pentecostals and Charismatics for Peace and Justice. Estudió teología y estudios de paz y desarrollo en Uppsala, Suecia.

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Originalmente publicado en PCPJ, 2017. Traducido con autorización. Traducción de Luis Aránguiz Kahn.

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