Por Amos Yong*

¿Qué tiene que ver el pentecostalismo con la esfera pública o con la política? Inicialmente, se podría pensar que quizás no mucho: los pentecostales tradicionales por lo general han sido apolíticos, aunque usualmente tales posturas han sido menos nutridas de la espiritualidad y devoción pentecostal que de ideas escatológicas que derivan de teologías dispensacionalistas que, irónicamente, son contrarias a la idea de que la obra carismática y milagrosa del Espíritu Santo haya continuado sin cesar después del período apostólico. Sin embargo, así como la gente del libro, los pentecostales siguen los preceptos del Nuevo Testamento para orar por sus gobernantes y líderes políticos. En los entornos políticos en donde los pentecostales son minoría, a menudo esto se torna en un clamor por intervención divina que permita la continuidad de la misión pentecostal y especialmente el evangelismo local. No obstante, en las sociedades democráticas liberales, especialmente aquellas que al menos en teoría apoyan la libertad religiosa, el crecimiento pentecostal ha causado otras posibilidades y aspiraciones políticas y, por lo tanto, también ha promovido otro tipo de oraciones relacionadas con el dominio público.

La oración intercesora persistente, por la cual algunos pentecostales son conocidos (continuando la antigua práctica de “buscar la presencia de Dios”), cambia las cosas, incluso las oraciones en sí mismas. A veces, nuestras oraciones nos llevan a tomar acciones. Dentro de un contexto pentecostal, la constante oración por la política durante un periodo prolongado de tiempo se suele explicar como el resultado de un impulso divino que genera una “carga” que no se puede descartar de otro modo. Los pentecostales a menudo se enfocan mucho en las misiones y la evangelización, aparte de las cosas mundanas de la vida que son de interés de todo ser humano, como para dedicar esfuerzos concretos en la oración por la política; aunque, en ciertos contextos pentecostales, los líderes carismáticos que han visto más allá del dualismo entre lo sagrado y lo secular pueden llevar a una congregación a períodos de oración por la política, en donde esta, ante tal caso, seguirá a su hombre o mujer de Dios. Sin embargo, el punto es que cuando un pueblo se motiva a orar por la política, en ciertas ocasiones también se les incitará a actuar públicamente, incluso políticamente, en la medida en que tales actividades no tengan un costo prohibitivo. Estos compromisos y comportamientos generalmente se quedan en un ámbito comunitario, aunque en algunos casos, pueden generar iniciativas políticas persistentes.

Los demógrafos dicen que este segundo siglo pentecostal (de acuerdo con la teoría que ubica los orígenes del movimiento pentecostal moderno en el reavivamiento de la calle Azusa en los Ángeles entre 1906 y 1908) contará con un cristianismo global cada vez más pentecostalizado y carismatizado. Si estas tendencias continúan ocurriendo, la clásica sospecha pentecostal sobre involucrarse en el ámbito político, será una perspectiva cada vez más minoritaria. Un cristianismo tan global renovado verá que su oración y espiritualidad se entrelaza cada vez más y más con la vida en la esfera pública. En estos casos, la devoción pentecostal y carismática también se entenderá por tener consecuencias, implicaciones y aplicaciones públicas, es decir, en el ámbito social, económico, civil, e incluso político y viceversa.

Si bien no soy profeta, ni hijo de profeta, me inclino a pensar que esta superación del dualismo entre el dominio eclesial y el dominio público traerá consigo nuevas oportunidades y nuevos desafíos para el cristianismo del siglo XXI. Los retos incluirán cierta confusión acerca de lo que conlleva el discipulado cristiano en relación a la esfera pública; las oportunidades involucrarán una renovación de la fe cristiana en el presente dado que la esfera pública puede ser renovada por la presencia y actividad Cristiana. ¿Tales oraciones y el comportamiento que las acompaña reflejarán siempre la voluntad de Dios en aquellos espacios y tiempos? Estos juicios a menudo se registran definitivamente sólo con la siguiente generación de aquellos que permanecen comprometidos en oración cara a cara con la política.

*Teólogo pentecostal. Ph. D. en Religion and Theology, Boston University. Profesor de teología en la Regent University School of Divinity, Virginia.

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Publicado originalmente en Reverberations, 2013. Traducido con Autorización. Traducción de Daniel Diaz Romero.

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